03
Jun
08

OOPArts

OOPArt.- Acrónimo de “Out Of Place Artifact”: Objeto fuera de lugar.

Empezaba a oscurecer. Yo miraba por la ventana. La silueta de la zona financiera de la ciudad a lo lejos. Una nube de polución y rascacielos de hierro y cristal reflejando los últimos rayos del sol. Y un avión tomando altura. Pero esto es una pequeña urbanización a unos cuantos kilómetros de todo ese caos. Calles limpias y muy tranquilas. Lo bastante como para que el clinc-clinc del timbre de una bicicleta que pasa te haga acercarte a la ventana en busca de algo en movimiento. Algo que mirar. Por eso estaba ahí de pie, tomándome un café y contemplando el mundo exterior desde mi habitación.

Tenía la radio puesta. Un locutor de voz cavernosa hablaba de ovnis.

De orbes o esferas de luz.

Luego explicaba el cómo y porqué de apariciones espectrales y psicofonías. Ahora se las llama parafonías o EVP. Electronic Voice Phenomenon, decía como si fuera una información que nadie debiera ignorar.

Y después mencionaba la enésima teoría acerca de la Atlántida. Ubicación, época de esplendor, causa más plausible de su hundimiento.

Entonces vi que Jorge salía a su jardín arrastrando un saco de plástico. Eva atravesó la puerta trasera del chalet unos segundos después. Llevaba al niño en brazos. Creo que le ofreció su ayuda, pero Jorge la rechazó negando con la cabeza. Y madre e hijo volvieron al interior de la casa.

Son mis vecinos. Quiero pensar que aún son mis vecinos. Un matrimonio joven, sólo un par de años mayores que yo, y un niño.

Jorge dejó el fardo en medio del jardín y se puso a rebuscar en él. Cuando sacó las manos sujetaba una pala. Anduvo un rato por el césped. Despacio, balanceando la herramienta, trazando círculos en el aire. Miraba la hierba atentamente y de vez en cuando aplastaba con sus botas de trekking algún punto concreto. Con la punta, con el tacón. Luego se agachaba y arrancaba una mata de hierba para llevársela a la nariz. Recuerdo que cuando levantó la vista, sonrió y me saludó con la mano, empecé a sudar. En ese momento el tipo de la radio empezaba a hablar de los OOPArts.

La ciencia convencional los menosprecia, pero lo cierto es que hay catalogados más de 4.000, juraba el presentador.

OOPArt.- Acrónimo de “Out Of Place Artifact”: Objeto fuera de lugar.

Objetos hallados en contextos espaciotemporales imposibles.

Con los nervios latiéndome en las sienes vi cómo Jorge clavaba la pala en el césped y ahuecaba un poco de tierra. Un agujero pequeño. Un pequeño montículo. Supuse que para marcar el punto exacto en que seguir excavando más tarde, nada más. Luego hizo lo mismo en otros dos lugares de la parcela y se acercó de nuevo al saco. Extrajo una especie de tronquito de madera. Una simple rama, más bien, que se bifurcaba en tres extremidades. La del medio más larga y gruesa que las otras dos. Y me acordé de esa puta tradición. Por aquí, en la Noche de San Juan, los que no tienen nada mejor que hacer se distraen plantando una higuera. Pero nunca habría sospechado que mi vecino (y, después de varios años de compartir muro divisorio de jardín, ya medio amigo) fuera a amargarme la vida con su sorpresiva afición a la jardinería. Tras examinar la cepa un momento Jorge empezó a cortar las hojas con cuidado de dejar el pecíolo intacto.

La radio aseguraba que en 1927 se localizó en Belice una calavera de cristal de cuarzo sobre los restos de un altar maya. Que su pulido era perfecto. Exquisito. Ni la menor imperfección. Tanto que en una era pretecnológica un ser humano habría necesitado frotar y frotar el mineral durante ciento cincuenta años para lograr tal nivel de tersura.

Mientras, Jorge seguía deshojando las ramas que un día se convertirían en imponentes higueras de su jardín. Cuando hubo acabado con las tres se dirigió al pequeño cobertizo que hay en su terreno. Verlo desaparecer en su interior me calmó ligeramente. Me centré entonces en buscar alguna señal anormal dentro de la casa. Pero aparentemente todo estaba en orden. Eva ya había encendido las luces. De vez en cuando su silueta cruzaba cualquier ventana o sus movimientos proyectaban sombras tras los cristales. Señales de vida que me tranquilizaban. Además, si ella no se mostraba preocupada sería porque no había razón para estarlo. Con todo, no me encontraba lo bastante confiado como para dejar de escrutar los movimientos de Jorge. Apagué la luz y esperé a que saliera de la caseta. Lo hizo llevando una bolsa bajo el brazo. De papel plastificado, me pareció.

Y tras esta pausa para la publicidad, queridos oyentes, seguimos conversando sobre el fabuloso misterio de los OOPArts. Otro caso muy relevante es el de la célebre Batería de Bagdad, descubierta en 1939 por el arqueólogo alemán Wilhelm König. Se trata de una vasija de arcilla atravesada por un tubo de cobre, en cuyo interior encontramos una varilla de acero. Los expertos en la materia tardaron décadas en establecer una teoría aceptable acerca de la posible utilidad que en su día se le diera a este objeto. Hoy se cree que llenando el recipiente con algún electrolito -probablemente zumo de uvas, según los más recientes análisis- era capaz de funcionar como una pila eléctrica actual. Capaz no sólo de iluminar sino también de, incluso, galvanizar pequeñas piezas de metal vulgar, como las que se han encontrado a centenares en la antigua Babilonia. Asombroso.

Jorge se puso unos guantes de podar y metió las manazas en la bolsa y esparció unos polvos azulados sobre la parte inferior de las cepas. Hormonas enraizantes. Rooting Hormones, ponía en la bolsa en grandes letras amarillas. Y también se leía, en caracteres menores, Ácido Naftilacético. 4.000 partes x Millón. Al lado, una calavera negra que parecía mirarme se recortaba contra un cuadrado naranja. Mi vecino dejó cuidadosamente las ramas sobre el césped y se puso a la tarea de agrandar los hoyos que había empezado a excavar unos minutos antes.

La voz ronca de la radio seguía informando sobre cosas halladas en lugares inverosímiles. El planeador de Saqqara: figura de madera con forma de planeador desenterrada de una tumba del Valle de los Reyes. Un avión perfecto, con alas y alerones. Eso aseguraba el locutor. 2000 a.C. Y qué decir de la pieza de metal encontrada en un remonte de la localidad de Olancha, California, en 1961. Una bujía perfecta si no fuera porque el carbono14 le ha certificado una antigüedad de 50.000 años.

Cosas por el estilo eran lanzadas a las ondas desde esa emisora de mierda mientras Jorge trabajaba en su jardín, a escasos metros de mí y mis pensamientos. Aquel día le dije que me parecía una gilipollez, además de un riesgo innecesario. Que nadie puede librarse de sus errores de esa manera. Los errores viajan dentro de uno hasta que se muere. Si tanto te jode, le dije, confiésaselo en tu lecho de muerte o en el suyo. Entonces tendrá cosas más importantes de las que preocuparse y ya no le dolerá tanto. Pero ella no parecía dispuesta a esperar tanto tiempo. Dijo que necesitaba quitarse ese peso de encima. Y que le parecía una buena manera de hacerlo. Que estaba segura de que así podría seguir adelante sin vergüenza ni culpa.

En el jardín de la casa de al lado ya había plantadas dos higueras. Yo había estado observando con inquietud todo el proceso. Una vez profundizado el agujero hasta el medio metro, Jorge cogía una rama, se aseguraba de nuevo de que estuviera bien espolvoreada de hormonas y la introducía, curvándola ligeramente, en el hueco. Luego lo rellenaba y formaba con los pies una pequeña pirámide de tierra semihúmeda. Las ramas-tallos no sobresalían más de un palmo de la cima.

La putada se convierte en algo casi ridículo si la analizas fríamente. Porque sólo lo hicimos una vez. Coincidimos de vuelta a casa en ese autobús amarillo que sale hacia esta urbanización y al llegar subimos directamente a este cuarto. Se acababan de casar. La putada roza lo absurdo si un día ella te dice que está embarazada y que no tiene ni idea, que tú o él, qué sabe ella. Y justo nueve meses después de aquella coincidencia en el bus nace un niño. Así que supongo que es natural que Eva se volviera paranoica y no encontrara mejor manera de exorcizarse que poner toda la historia por escrito, rematarla con un triste punto final y enterrar el papel allí mismo, en su jardín, dentro de una caja de galletas. Un riesgo innecesario, ya digo.

Pero a Jorge ya sólo le quedaba una higuera por plantar; sería demasiada mala suerte. Cavaba con fuerza, con prisa. Por un instante me lo imaginé excavando mi propia tumba y mis nervios se convirtieron en miedo. Miedo bastante racional, por otra parte; supongo que es impredecible la reacción de un buen tipo al encontrar un maldito OOPArt bajo su césped. Cavó y cavó hasta que se detuvo en seco y extrajo la pala del agujero. Examinó su punta pasando el pulgar por el filo. Y luego volvió a introducir la pala en el hoyo, golpeando repetidas veces y suavemente lo que fuera que había llamado su atención allá en el fondo. Al poco se arrodilló frente a la boca oscura del pequeño precipicio y alargó los brazos hacia el interior. No pude ver qué, pues me daba la espalda, pero sé que algo sacó de allí. Porque se pasó más de una hora postrado ante el agujero, sin mover un músculo, sosteniendo algo en sus manos, la pala tirada a su lado.

El programa paranormal acabó. La súbita interrupción de la voz tétrica que había estado acompañándome durante mi espionaje me hizo reaccionar. Bajé casi corriendo a cerrar con llave mi puerta. Cuando volví a la ventana el jardín de mis vecinos estaba desierto. Y así ha seguido durante todos estos días. Todo el tiempo que no estoy en el trabajo me lo paso oculto tras las cortinas, vigilando la casa de Jorge, Eva y tal vez mi hijo. Pero sólo un par de veces he visto a Jorge regar sus tres higueras. Sin desprenderse ni un momento de su pala. Mira hacia mi ventana y me saluda con la mano. O con lo que lleva en la mano. No lo sé. El caso es que de los demás, ni rastro. Quiero pensar que aún son mis vecinos.

Pero los árboles crecen demasiado fuertes. Demasiado rápido.


4 Respuestas a “OOPArts”


  1. 2 jano
    4 Junio, 2008 a las 3:19

    Lo pongo entre mis preferidos.

  2. 3 K. Blue
    6 Junio, 2008 a las 11:17

    Es la primera vez que te leo y, francamente, tu relato me pareció muy bueno. Hipnótico, como el espectáculo, pero con más estilo.

    Estaré atento a próximas actualizaciones.

    Un saludo!

  3. 4 jano
    13 Noviembre, 2008 a las 7:56

    No entiendo como éste clásico solo generó 3 comentarios.


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