14
Ene
09

Gran nevada

[Nunca nevaba en esa ciudad. Estaba demasiado cerca del mar y sus aires templados.

Un día de aguanieve cada diez o quince años, como mucho. Pero los viejos decían que una noche de febrero de 1946 sí que había caído de verdad. Que a primera hora de la mañana siguiente había al menos dos dedos de nieve cubriendo las calles y los tejados. Y que, claro, el paisaje se fundió mucho antes de que el sol llegara a lo más alto.

En fin, nunca nevaba en La Ciudad.

 

 

Fragmento del libro La Toxicología (La Toxicologie), de René Fabre. Editorial Oikos-tau, 1971 (en adelante, La Toxicología):

 

Estadística general de suicidios (Departamento del Sena, 1927-51)

                           Total       Hombres     Mujeres     Asfixia     Veneno

 

          1927       1.628        1.069            559             170              69

          1937        2.533       1.461           1.072          397            442

          1947        1.473          663               840           983            116

          1951         3.297       1.559           1.738        1.174           692

 

 

[Por eso a Prisco no dejaba de sorprenderle el tiempo que hacía últimamente. Al despertarse por la mañana, después de hacer una esfuerzo cada día mayor para salir de la cama, subía la persiana y se quedaba hipnotizado un buen rato mirando el irresoluble misterio que ocurría al otro lado de la ventana, en su barrio, en Periferia Sur. El tiempo pasando ante sus ojos. Los dos tiempos. Uno caía del cielo lenta pero incesantemente. El otro simplemente transcurría al ritmo habitual, el que alguien había establecido siglos atrás al inventar los segundos y su tic tac tic tac. Y se perdía para siempre con cada latido o respiración.

 

 

Última anotación en el diario personal de Prisco (Sin fecha. Por contraste de datos, se calcula que corresponde, aproximadamente, a mediados de abril del año en curso):

 

Lo más extraño de todo es que nadie parece preocupado por lo que está ocurriendo. Eso es lo que no me quito de la cabeza. La gente sigue andando, respirando, viviendo como si nada. Si ahora mismo me asomara a la ventana vería decenas y decenas de personas yendo o viniendo con total normalidad bajo este absurdo diluvio. Algunas en manga corta, muchas con gafas de sol…

Eso es… lo que de verdad me da miedo: que no sientan el frío.

 

 

[No llegaba a ser nieve. Lo que bajaba desde el cielo no eran copos. Ni siquiera diminutos cristales hexagonales de hielo. Era más bien como una continua llovizna translúcida que no mojaba, ni pesaba, ni se acumulaba sobre las cosas. Era aún menos que caspa, algo insignificante que desaparecía nada más tocar cualquier superficie. Pero hacía días que aquello no dejaba de llover. Miles y miles de briznas de algo indefinido atravesaban de arriba a abajo el campo de visión de Prisco cada vez que se asomaba a la ventana o salía de casa por el motivo que fuera.

 

 

Fragmento de La Toxicología:

 

Agentes tóxicos desencadenantes de enfermedades profesionales que dan derecho a indemnización, declaradas en Dinamarca (1952)

 

Plomo y sus sales 302

Mercurio y sus sales 9

Benceno 173

Fósforo 2

Cemento 1.256

Derivados clorados del etileno 118

Rayos X 13

Cromo y derivados 167

Aminas aromáticas 106

Brea 46

Estreptomicina y derivados 23

 

TOTAL 3.267

 

 

Declaración de Dolores Calurana, estanquera del barrio de Periferia Sur, al inspector de policía Juan García.

 

La verdad es que al principio no percibí en él nada fuera de lo normal. Venía casi todas las tardes. Compraba un paquete de Fortuna, y se iba. Pero de un par de meses a esta parte empezó a hacer cosas raras. La primera vez que fui consciente de que aquel chaval me ponía los pelos de punta sería a finales de enero o principios de febrero. Disculpe, pero no sabría decírselo con mayor precisión. Como de costumbre, me compró un paquete y se fue. Pero antes de medio minuto volvió a entrar en mi estanco para comprar otro. Le pregunté si quería otro Fortuna y se quedó en silencio un buen rato, mirándome como sin verme. Muchos segundos, demasiados, ya me entiende, todo muy raro. Al final me contestó que le daba igual la marca, que le bastaba con que los cigarrillos estuvieran bien cargados de nicotina y alquitrán y monóxido de carbono y benzinonosequé. Bien, le dije, y me giré hacia la estantería para coger rápidamente cualquier american blend, vendérselo y que el chaval se largara cuanto antes. Se lo aseguro: el tal Prisco, así dice usted que se llamaba, ¿no?, me estaba inquietando bastante. Pues eso, mientras cogía el paquete del estante el chico añadió que mejor le diera tres más, de la marca que yo quisiera. Le dejé sobre el mostrador dos paquetes de Marlboro y uno de Lucky, me acuerdo perfectamente. Aceptó los Marlboro pero, no sé por qué, rechazó el Lucky farfullando algo que no entendí. Se lo cambié por un Camel. Pagó y se largó sin decir adiós. Ése fue el día en que el chaval empezó a ponerme nerviosa. Siguió viniendo por aquí casi a diario. Compraba un montón de cajetillas, cuando digo un montón quiero decir cinco o seis o diez, y al cabo de un par de días volvía a por otra remesa. Cuando me entregaba el dinero me fijaba en sus dedos: eran cada vez más amarillos. Igual que el borde de su labio superior.

 

 

[Aquella lluvia absurda ganaba poco a poco en intensidad. Los filamentos eran cada día más tangibles que los que habían caído el anterior. Seguían siendo diminutos pero ya no parecían entidades microscópicas casi totalmente transparentes y sólo visibles por un loco o un aparato de laboratorio. Ahora tenían corporeidad. Y cuando Prisco se veía obligado a salir de casa -para arreglar unos asuntos en el banco, por ejemplo-, podía percibir el levísimo pero gélido roce de incontables partículas extrañas sobre la piel. Igual que cualquiera nota en su piel la oleada de arenilla que lo forra todo cuando un coche pasa por un camino polvoriento. Igual que un fumador empedernido, como Prisco, se da cuenta al instante de que una pizca de ceniza le ha caído sobre el dorso de la mano. Por minúscula que sea. Con esa precisión notaba Prisco cómo, en cuanto se encontraba a la intemperie, se enredaban en su vello corporal miles de átomos de aquella rara sustancia. Pero eso, el simple contacto con su epidermis, era todo lo que podía analizar al respecto. Los corpúsculos carecían de cualquier otra cualidad física más allá de su ligerísimo peso helado y el tenue telón descendente con que difuminaban la visión de Prisco.

 

 

Anotación en el diario personal de Prisco. 12 de marzo:

 

A pesar de los riesgos laborales de cualquier empleo… o quizá gracias a ellos… todo sería más fácil si trabajara. Todo. Me refiero a trabajar en sentido tradicional, con un jefe asqueroso y una incómoda silla giratoria y un bote lleno de bolis mordisqueados. Rodeado de tóners nocivos y con conjuntivitis por culpa del ordenador. Por ejemplo. Me refiero a saturar de alquitrán tus bronquios asfaltando autopistas, por poner otro ejemplo, y no tener que dejarse un montón de pasta comprándola en estancos o máquinas de bar. O contraer rinitis crónica por inhalar cada día gasolina al llenarles el depósito a otros en una estación de servicio. Quiero decir que aguantar ese tipo de mierda tiene que simplificar las cosas. Acabar el día cansado de tragar basura ajena en vez de harto de revolverte en la propia. Diversificar la inquina. Irte a dormir odiando algo que está más allá de lo que tienes dentro. Tener un motivo distinto a tu propio ser para lo bueno y para lo malo. Disponer cotidianamente de un referente exógeno perjudicial para, fundamentalmente, estar seguro de quién eres y dónde estás. Y de quién quieres ser y dónde te gustaría estar.

 

 

Parte meteorológico publicado en la página-web meteortoday.com. 17 de marzo:

 

El anticiclón continúa instalado frente a la vertiente oriental del país. Hoy de nuevo brillará el sol sobre La Ciudad y sus alrededores. Además, el viento de poniente elevará las temperaturas hasta los 24º desde mediada la mañana. Ligero descenso térmico al caer la noche. Riesgo de precipitaciones: 0%.

 

 

 

Último sms recibido en el móvil de Prisco. Emisor: 0034698765432. Fecha: 25 de marzo, 09:01 horas (Transcripción litera del texto):

 

¡¡Felicidades, Don Prisco!! Desde El Banco del Este le deseamos lo mejor en el día de su 30º cumpleaños. Quedamos a su entera disposición para cualquier cosa que necesite. Recuerde que nuestra sucursal más próxima a su domicilio está ubicada en La Ciudad, C/ Mayor, s/n. ; )

 

 

 

[Puede que su adicción se acentuara con el inicio de lo que él llamaba "lluvias". Pero que esto sea o no así carece de relevancia. Quizá la explicación sea todavía más irracional. O perfectamente lógica, por el contrario. El caso es que más allá de la ciencia, en el mundo real, llega un momento en que es imposible atribuir un efecto a una sola causa. Lo que cuenta aquí es que Prisco llevaba semanas, tal vez meses, fumando mucho más de lo habitual. Tal vez la llovizna de la que habla en su cuaderno fuera ceniza en suspensión -aunque el informe policial no menciona esta posibilidad-. Fumaba un cigarrillo detrás de otro desde que se despertaba hasta que el sueño por fin lo atrapaba, siempre de madrugada. Es normal que sus viajes al estanco fueran el principal motivo por el que salía a la calle. Al regresar a casa después de uno de tantos, llevaba dos libros en la mano. Escogió uno de ellos porque su lomo era de color negro, y empezó a leerlo.

 

  

Anotación en el diario personal de Prisco. 25 de marzo:

 

Esta mañana he cancelado mi cuenta bancaria. Tenía unos céntimos de saldo a mi favor. Restos de una vida anterior que ya ni siquiera puedo recordar como propia. Me he negado a que me los devolvieran. Me resultaba humillante extender la mano para que ese cajero anodino depositara en ella un par de monedas de cobre. Luego lo he lamentado; me han faltado diez céntimos para poder comprarme la dosis. Y creo que he tocado fondo.

 

[Y no hay más datos con los que explicar que Prisco no se levantara un día, que lo encontraran sucio y frío en su habitación. Un libro viejo, un diario difícil de entender y los testimonios de algunas personas que ni siquiera lo conocieron. Nada más que confusión y desorientación. Pero bueno, así es la vida.


4 Respuestas a “Gran nevada”


  1. 2 Sulo Resmes
    19 Enero, 2009 a las 11:56

    Creo que conozco a unos cuantos Priscos en potencia.
    Es chulo.

    Girolamo Cecchi (aka Sulo Remses)

  2. 3 ana
    25 Enero, 2009 a las 4:08

    muy bien
    me gusta como atinas con las palabras

  3. 4 Adea,Mdem
    28 Enero, 2009 a las 9:13

    Uno come, mira, atiende, etc.,¡joder¡ he apestado de Ducados el despacho, y aunque siempre hay un sentido protagonista del momento, el gusto, y mañana, la CAM, y ni un chavo, la vista, el oido, vaya mierda de café, todos los demás actúan al unísono con él bueno, ya veremos, a lo mejor se me ocurre algo esta noche, de secundarios. ¡Menudo gargajo.¡
    Pero no siempre: cuando te leo, haces que lo haga con los cinco.


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