Y mientras caminaba los pocos metros que me separaban de mi portal empecé a notar la boca seca muy seca y áspera y tan asquerosa como si tuviera dentro un puñado de tierra y supe que se debía a todo esto de no comer y beber demasiado y fue como si mi mente ordenara a mi cuerpo que dejara de hacer el idiota y le obedeciera de una puta vez o tal vez como si mi propio cuerpo hubiera convencido de algún modo a mi mente autodestructiva de que necesitaba con urgencia una dosis de vitaminas y demás nutrientes y puesto que me había tomado un litro de cerveza en menos de un cuarto de hora y había leído estudios sobre cómo combatir la oxidación decidí que lo que más me apetecía en el mundo era un tomate o dos y me vino a la cabeza la tiendecita que esos hermanos pakistaníes tienen en la calle de atrás así que por eso o puede que sencillamente por retrasar unos minutos mi vuelta a casa me vi andando hacia esa tienda tan llena de piezas de naturaleza redondas de todos los colores en la que los dependientes me recibirían con sus sonrisas superblancas y me entregarían ese deslumbrante tomate por el que babeaba mientras andaba por la acera entre gente que se movía con mucha más desenvoltura que yo bajo el sol calcinador que caía el 13 de julio en esta parte del mundo y se unía a las toxinas en su labor de secarme la boca y las entrañas y las ideas en plan Yunque del Sol pero sin héroe ni por supuesto heroína que viniera en camello a rescatarme procurando pensar sólo en el premio rojo y jugoso y no sé si dulce o salado que me esperaba si conseguía llegar a la frutería para continuar caminando como si en ello me fuera la vida entera de manera que el tomate en mis manos dientes lengua esófago y estómago y luego esparciéndose por mis venas y demás tejidos en forma de partículas diminutas pero muy muy rojas y llenas de energía y vida era la única imagen que en realidad visualizaba mientras mantenía la mirada fija en las puntas de mis pies y que me impulsaba para dar un paso y luego otro e ir acortando metros con la meta que estaba ahí al lado pero que me parecía estar a tomar por culo pero entonces noté que el sonido de la calle ya no sólo era el habitual de motores y cláxones y alguna conversación aislada de transeúntes cruzándose conmigo sino que por encima de todo eso se alzaba un discreto coro de voces amontonadas que se pisaban las unas y las otras todas hablando bajito como en murmullos o incluso cuchicheos así que levanté la vista y me di de bruces con un corro de gente que obstruía la acera frente a la puerta del gimnasio del barrio y todos miraban alternativamente hacia el interior de la puertas correderas automáticas de cristal del local y hacia una UVI móvil que estaba detenida con las sirenas centelleando pero en silencio justo a la altura del gimnasio y entonces me di cuenta de que el curioso que tenía a mi lado era un jubilado y le adjudiqué una vida aburrida de contemplación de obras públicas y de vez en cuando algún incidente en un gimnasio y supuse que era un buen candidato para contestarme con todo lujo de detalles a la pregunta Oiga buen hombre qué ha pasado aquí pero el viejo se limitó a contestarme Parece que ha muerto alguien ahí adentro y debió de parecerle que mi reacción o ausencia de reacción obedecía a la parquedad de la información que me había facilitado porque entonces añadió solemnemente que el muerto era joven y siguió escrutándome la cara en busca de algún gesto de solidaridad con la desgracia del cadáver desconocido o algo por el estilo y yo no me atreví a decirle que quizá mi rostro no reflejara sentimiento alguno pero que podía asegurarle que en mi interior la sangre corría con una fuerza desconocida como si acabara de pegarme el mejor de los chutes porque estaba imaginándome a un joven robusto de aspecto saludable al máximo y con el vello corporal depilado cayendo fulminado por el reventón de una vena en su cerebro mientras levantaba una pesa de cien kilos para mantener a tono sus bíceps y deltoides o a una joven siliconada y con el estómago lleno de pastillitas de homeopatía para adelgazar sorprendida por un golpe de calor en la sauna y que en cambio yo estaba ahí con el resto del mundo de mierda haciendo una especie de pasillo de morbo y algo parecido a secreto triunfo a la espera de que los sanitarios desfilaran ante nosotros transportando un joven y hermoso cadáver que ya jamás comería un tomate como el que yo estaba a punto de devorar y que ahora sí que seguro me iba a saber de muerte.
18
Jul
09
Hoy, igual que ayer, igual que mañana, a estas horas, las 8 de la tarde, ya no tengo ganas mas que de salir, y tomar unos pocos vinos y unos muchos Ducados. Sin embargo, ya es la tercera lectura que hago de este relato, y aún me sigue provocando una sonrisa inicial, que ya no me suelta hasta que se convierte en risa abierta con la última frase.
Gracias. Hoy los vinos me van a aturdir menos, porque serán mucho mas reconfortantes.
Espero que no te sepan a muerte.
cojonudo.
el final es reconfortante, con ese gañan de gimnasio reventado por dentro. me ha alegrado la mañana en el curro. En serio, voy a comerme un tomate
el estilo, sin una puñetera pausa, empatizando con la ansiedad de esos hiperhormonados depilados.
Escribe algo nuevo yaaaaaaaaaa…
sí! yo también tengo mono.