Deformografía

Una jaula abollada, maltrecha, con sus rejas llenas de hendiduras y salientes tiene a la fuerza que desfigurar al pájaro o reptil que la habite.

Deformidad.

Deformación.

Malformación.

Leo siempre tuvo problemas de respiración. Su caja torácica adolecía de defectos congénitos. Una malformación de ésas que no son lo bastante aparatosas como para inspirar lástima. Una deformidad sin ventajas sociales, sin posibilidad de ser atracción de feria, que nadie pagaría un céntimo por observar de cerca. Una malformación absurda e inútil que Leo se esforzó por perfeccionar hasta alcanzar el nivel de deformación voluntaria. Los barrotes que eran sus costillas, no pudiendo fortalecerse desde un punto de vista físico a pesar de las pastillas de calcio que tomaba diariamente desde pequeño, tendieron a soldarse mediante membranas invisibles para cualquier radiografía. Membranas de doble función: impedir que nada externo penetrara demasiado hondo y le hiciera más daño del que causan las cosas cotidianas, y aplastar sus pulmones, su corazón, venas y arterias para obstruir el flujo sanguíneo y regar premeditadamente mal su cerebro.

Así vivía en un terreno desierto que él poblaba y repoblaba con los seres de mentira que había averiguado le hacían sentirse un poco menos solo. Seres que eran como él o que eran él mismo, tan enfermos como Leo, seres a medio hacer por fuera, con los que hablaba y a los que escuchaba, a los que comprendía sin tener que rebajar demasiado su actividad neuronal, que le comprendían sin reproches.

Estaba a gusto con esos engendros viviendo dentro de su pecho. Eran sus amigos, por no decir sus hijos, y los quería a todos. Lo malo era que cada cierto tiempo, alguna persona tangible, con la totalidad de sus huesos bien ubicados y el cerebro perfectamente oxigenado, conseguía colarse por algún poro de su membrana intercostal. Una palabra, un gesto, una imagen y todo ese mundo grotesco pero feliz construido con años de imaginación se derrumbaba. Su población interna moría en masa víctima del virus de la perfección. Y él lo pasaba muy mal, se entristecía mucho. Sin embargo, seguía respirando, a duras penas, pero respirando. A la espera de la siguiente decepción real, de la inexorable generación de monstruos íntimos.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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