Cartas

La cerradura del buzón lleva meses funcionando mal. Ayer, otra vez, la llave se quedó atascada. Luché un buen rato por liberarla, pero en esta ocasión se me hizo más difícil sacarla de allí. Al poco, de forma un tanto extraña por no decir ridícula, me encontraba realmente angustiado ante la idea de no poder rescatar a mi pequeña llave de aquel cepo maldito. Me la imaginaba ahí adentro, totalmente atorada, sin poder mover ni uno solo de sus inexistentes músculos, asfixiándose lentamente, gritando con la voz chirriante que tendría una llave vieja y medio oxidada, una voz de anciana o de bebé, que es lo mismo. Mi desesperación era tal que el sudor me caía por las sienes y me mojaba los dedos; no podía cogerla, no podía tirar de ella, se me resbalaba, notaba cómo se me moría entre las manos. Y, al final, dejé de oír su gritito. Un espanto loco me invadió en un último instante de ansiedad extrema. La náusea me subió por la garganta como una bola de billar astillada y vomité muchas cosas dentro de mi casillero, hasta llenarlo. La oleada de babas y bilis desbordó por la ranura y arrojó a mis pies un montón de cartas pestilentes. Ninguna de ellas era la que yo esperaba.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a Cartas

  1. John MacClane dijo:

    Me ha encantado.
    Brillante por su simplicidad.

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