El formulario mágico

Estimado compañero:

 

Si has recibido esta carta es porque el C. U. C. O. (Comando Urbano para la Consolidación Onírica) considera que eres una persona injustamente tratada por la vida. Y, lo que es peor, que siempre vas a serlo. Denigrado, marginado. A pesar de tus sueños: infeliz. Siempre.

Por este motivo, porque deberías poder alcanzar tu utopía, te ofrecemos la posibilidad de rebelarte contra el sistema de un modo relativamente seguro. Sólo tienes que leer el modelo de carta que a continuación se transcribe y rellenar los huecos con el nombre de la persona o personas que, en tu opinión, fundada o infundada, han de contribuir a sacarte de tu actual miseria vital. Si se te ocurre algo mejor, eres libre de perfeccionarla, desde luego.

Sólo has de observar dos requisitos en tu elección:

1.- Debe tratarse de gente lo suficientemente adinerada como para poder sufragar tus ilusiones sin quedarse en la ruina. Lo bastante ricos como para poder prestarte a fondo perdido un millón de euros.

2.- Sólo una vez podrás obtener de ellos lo que nosotros sabemos que te mereces. Y tiene que ser ahora.

Ten en cuenta que ésta puede ser tu única oportunidad para emerger a la superficie y ser bañado, como casi todos los demás, por los preciosos rayos del sol.

Si aceptas, si rellenas tu formulario mágico hacia la felicidad, deja tu solicitud debajo de una piedra plana que encontrarás en el séptimo ojo del puente mayor. Poco tiempo después te haremos llegar tu millón, minorado en un diez por cien en concepto de gastos de gestión. Porque no somos la mafia. Ni una oenegé. Trabajamos por y para la igualdad. Y tenemos que cobrar.

Si no te interesa, no temas: no nos serviremos de tu nombre para nuestros propósitos.

 

Tus amigos,

Los cucos.

 

 

 

MODELO DE FORMULARIO MÁGICO

 

Querido Señor ……….:

 

No voy a presentarme. No es necesario ni conveniente que usted conozca mi identidad. Todo lo que tiene que saber sobre mí es que estoy enterado del más espantoso de sus secretos. Y pienso aprovecharme de ello.

Imagino que estas primeras líneas habrán conseguido captar su atención. Eso espero, además. No soy cruel: no disfrutaría demasiado si su desconsideración hacia mí me obligara a airear a los cuatro vientos sus trapos más sucios y destruir irremisiblemente su vida, su familia y su formidable carrera profesional.

Concédame un poco de su tiempo, Señor ………. Tráteme con el respeto que la privilegiada información de que dispongo me hace merecer, y todo esto habrá acabado en un santiamén.

Es público y notorio que es usted uno de los grandes magnates de este país. El cacique de la industria ………. Su nombre, su marca, patrocina competiciones deportivas y financia centros de asistencia para jóvenes discapacitados. He visto muchas veces su larguísimo nombre impreso en esas soporíferas revistas que una vez al año publican la lista de las diez, cincuenta, cien fortunas más colosales del mundo. Su nombre y su foto. Su cara perfectamente afeitada sobre un cuello siempre encorbatado, el escaso pelo engominado con precisión, esa sonrisa elegante y esa mirada firme centelleando en el papel satinado. Y en la televisión: siempre impecable, qué porte, qué andar tan distinguido. Un auténtico triunfador. A la luz del sol, no obstante, ha de reconocer que su calva suda y brilla como la de cualquiera.

No es más que un ser humano en el que una buena dosis de suerte se ha combinado con escasos méritos, así que escúcheme como es debido. Pues yo, si bien con menos suerte y menos éxito, también soy un ser humano. Más discreto, más irrelevante. Vulgar, si quiere decirlo así. Sin guardaespaldas. Y puede que ese tono grisáceo que me envuelve sea lo que me ha permitido estar cerca de usted sin levantar sospechas.

Porque, sí: me ha tenido muy cerca. Le he visto pasear en bermudas por su enorme jardín. Darse un baño en la piscina. Jugar con sus hijas. La pequeña es su favorita, es evidente. Sé el número de pie que calza. Y también el de su hermanita adolescente, muy guapa.

Sé que suelen pararse a comprar un croissant de camino al colegio, en esa pastelería tan chic. ………., el chofer de las niñas, las espera dentro del coche. Ni siquiera las sigue con la mirada. Siempre que el Lexus está parado, aunque sea en un semáforo, se pone a hacer crucigramas. Es un adicto a los crucigramas. Y tal vez no sea la persona idónea a la que confiar la seguridad de sus apetecibles hijas. Considere esta información un gesto de buena voluntad.

Como ve, conozco muchas cosas sobre su vida y la de quienes le importan; tengo contactos. Seguramente no tantos como usted, pero más de los que pueda suponer. Y de semejante calaña.

Le conozco casi tan bien como a mí mismo. Podría escribir un libro sobre su vida. O, mejor aún, podría empezar a enviar jugosas cartas a los periódicos y a los programas de televisión, relatando su afición al sexo con lactantes. Por ejemplo.

Su joven mujer, igualmente, es un personaje que debería ser más popular en las sobremesas televisivas. Una biografía fascinante. Cómo la sacó usted de aquel sucio piso donde siendo prácticamente una niña ya vendía su cuerpo a cambio de unos cuantos euros o unos gramitos de droga. Aquel piso del que, por supuesto, sigue usted siendo un cliente de altísimo nivel, un VIP con visa platino, uno de esos peces gordos que llaman con media hora de antelación y consiguen que el burdel de lujo se deshaga apresuradamente de los puteros de medio pelo para que la docena de señoritas queden única y exclusivamente a su entera disposición. Ahh, estos nuevos ricos… Nada más que un millón en el banco y se creen con derecho a todo.

El caso es que ella, la señora, también era una pobre adicta. Y continúa siéndolo. Al dinero y a la cocaína, los somníferos y el sexo. Al sexo con, por ejemplo, solamente por ejemplo, aquel jardinero extranjero que no duró más que dos semanas en su casa. Las malas lenguas cuentan que un buen día desapareció sin dejar rastro. Pero ha llegado a mis oídos que últimamente frecuenta un bar de mala muerte que hay en un barrio de la ciudad que usted jamás pisará. Que casi siempre está borracho y que, cuando llega al límite, suelta su lengua de trapo para chapurrear en un idioma parecido al castellano que el ilustre Señor ………., asistido por cuatro de los miembros de su equipo de seguridad, le dejó para el resto de sus días en esa puta silla de ruedas. Que ya ni siquiera se le levanta. Luego, se pone a llorar. Pobre chaval. Digno del mejor de los culebrones.

Llegados a este punto, comprenderá que el siguiente paso le toca darlo a usted.

Quizá ahora mismo esté rebuscando frenéticamente entre toda la mierda del vertedero de su memoria, sumergiéndose en ella en busca de esos episodios escabrosos que todos tenemos sepultados en el fondo del alma. Quizá piense que todo esto es un farol, que no hay nada que pueda hacer que su vida se escurra literalmente por el retrete. Pero yo le aseguro que sí. Y que tengo todos los detalles.

De manera que usted decide: o me forro a su costa circulando por innumerables programas morbosos en prime-time, o me forro a su costa de modo más discreto. Por si aún no se ha dado cuenta, le digo que no tengo nada que perder, lo cual me proporciona una clara ventaja sobre usted.

En fin, que está en sus manos. Yo le explico mi oferta:

Exactamente dentro de dos semanas, un niño de aspecto desaliñado y enfermizo, un niño raquítico del que cualquiera se apiadaría, se presentará ante el mostrador de recepción de la sede principal de su empresa y solicitará verle, ver al Señor ………. Si se le hace esperar más de un minuto, empezará a llorar y a pronunciar ciertas frases, procurando mencionar su nombre al lado de las palabras más sórdidas que jamás hayan salido de la boca de un niño de ocho años. Le he instruido durante meses a tal efecto, y no puede ni imaginarse lo convincente que resulta el chaval. Además, le comento que aquí, en mi entorno vital, existen multitud de niños violados. En su momento, cuando empecé a poner en funcionamiento mi plan, únicamente tuve que seleccionar al más avispado de ellos. Con esto quiero decirle que sí, que si el niño se ve en el penoso trance de tener que echarse a llorar, si llama la atención de la gente, si la policía lo recoge y se lo lleva a un hospital para que lo examinen, los facultativos comprobarán que alguien ha estado abusando del pequeño durante años y años. Y supongo que antes de que se dé cuenta estará usted declarando ante un juez, con una nube negra de fotógrafos y reporteros esperando su salida.

Por eso, apelando a su sentido empresarial y a su sentido común, le recomiendo por el bien de todos que reciba a mi joven ayudante del modo más discreto posible y que le dé un millón de euros en billetes viejos de veinte y de cincuenta. Un millón no es nada para usted. En cambio, a él y a mí nos convertirá en dos de esos nuevos ricos a los que usted tanto detesta. Dos nuevos ricos de los que jamás volverá a saber.

 

Sinceramente,

Yo.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a El formulario mágico

  1. Hugo dijo:

    Señor Iván, esperamos ansiosos sus nuevos relatos!!! Tanta fiesta no puede ser. jejeje. nos vemos en fallas.

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