Groenlandia

Se diría que mil cohetes cruzan el cielo abriéndolo en canal de abajo a arriba, pero es sólo la tarde que se muere sin epitafios, que se resiste y abre su gran boca y expira con una explosión suspendida entre el naranja y el rojo.

En un instante todo el panorama que ahora se alarga desde estos pies hasta las llamas líquidas que resbalan en retirada hacia sitios más calidos, todo el panorama será azul de noche invernal de alta mar, gris húmedo de panteón, negro desgastado como el de esta camiseta.

Me fundiré y me confundiré.

Anocheceré.

Y de nuevo rellenaré la oscuridad igual que hago de día con mis hojas en blanco. A duras penas. Cierta luz llegará serpenteando desde algún momento extinguido. Mortecina y moribunda, mortal y herida de muerte se posará en el filo de la navaja de afeitar y brillará con la tenue fosforescencia con que dos pupilas dilatadas espejearon milenios atrás en la colosal noche escandinava de ciento ochenta y dos soles reducidos a tizones, cuando la aurora no se desparramaba sobre Groenlandia porque nadie había aún inventado esa palabra ni ninguna de las que hoy resucitan en papel.

Esta noche, como en todas ésas en que viajo al Norte por ver si lo encuentro sin brújula ni migas de pan para volver, recibiré en la penumbra de mi cuarto hordas violentas de vivos y muertos y engendros desdibujados por los arañazos de las agujas de reloj, a medio camino entre las dos fronteras que nos encierran a todos, y les invitaré a sentarse en el suelo.

Les ofreceré humo y licores y unas gotas de mi sangre sin quitarles la vista de encima, para mantenerlos de buen humor; siempre tratan de robarme alguna de mis escasas pertenencias. Un mínimo descuido y se cuelan por las rendijas del cráneo. La madrugada transcurrirá entre recuerdos que ellos se encargarán de pintar a estilo hiperrealista y planes de los que se burlarán concentrando el cinismo en sus sonrisas humanas torcidas, en el abrir y cerrar estridente las dentaduras de sus calaveras, en sus cicatrices estiradas en una mueca indescriptible. Y al alba y con suerte mi pandemonio particular empezará a evaporarse en completo silencio, agradeciéndome con reverencias los manjares de mi cerebro y mi ingrata compañía.

 

Anuncios

Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s