4º B

Claudia vive en el cuarto piso de un edificio de siete. Le pega. Siempre busca la moderación, el equilibrio. El término medio. La virtud, tal vez. Es una chica bonita pero no se arregla demasiado porque no le gusta llamar la atención lo más mínimo. Así que si algún día te la cruzas por la calle probablemente no encuentres en ella nada que te haga mirarla con más detenimiento que a una farola apagada o a un perro sin pedigrí. Pasarás de largo, pasará de largo, y no te incomodará la sensación de haberte perdido nada interesante. Quizá sea así. Lo malo es que también es posible que no. Y últimamente tiendo a pensar esto último: que tanta discreción tiene que ocultar algo asombroso. Que detrás de la puerta del 4º B debe de haber un montón de cosas increíbles. Planos para fabricar bombas-lapa, un congelador lleno de vísceras humanas, un laboratorio clandestino en el que fabricar drogas de diseño, cuadros mejores que los de cualquier artista consagrado. Todo oculto, a salvo de la mirada de los que no reparan en los pequeños detalles. Una vida especial camuflada bajo un traje anodino.

Pero hace ya un tiempo que le presto a Claudia la atención que merece. De hecho, se podría decir que la busco en la escalera, en el ascensor, en las calles que rodean esta finca. A veces tengo suerte y la encuentro, siempre envuelta en la atmósfera gris que desprenden sus ropas y su manera de andar. Pero cada día veo más tenue esa bruma de vulgaridad. Si la miras durante bastante rato empiezas a comprobar lo que ya he dicho, que es guapa pero no lo explota. Y te das cuenta de que hay algo distinto en esa apariencia de cotidianeidad, algo que hace que Claudia no encaje como un transeúnte más entre la gente. Tiene un toque especial. Un aura que se vislumbra aunque ella se empeñe en esconderla bajo capas y capas de ropa de mal gusto y ese pelo grasiento.

Mis amigos dicen que, sencillamente, la soledad y el aburrimiento han hecho que me enamore de una chica fea y mediocre, normal. Como todas, les contesto. Como todos, pienso. Pero por la razón que sea, Claudia ha conseguido parecerme bonita. Lo es. Y también discreta. Ya digo, si no se arregla demasiado es porque no le gusta llamar la atención. Si todo va bien, pronto seré bienvenido en el 4º B. Contemplaré su arsenal de explosivos, los órganos que guarda envasados en formol, me drogaré con ella y me quedaré embobado mirando las cosas preciosas que estoy seguro que crea por la noche, ante una mesa de madera, con la luz encendida hasta las tantas. Porque veo resplandor en su ventana cada vez que yo tampoco puedo dormir y me pongo a escribir historias así.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a 4º B

  1. jano dijo:

    A lo mejor es otra “Josef Fritzl”.

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