Rojo

Se está preparando:

Ya se ha duchado. Y ahora duda ante el armario abierto. Lleva un buen rato ahí, en calzoncillos, pelándose de frío pero sin dedicar ni un sólo pensamiento consciente a este hecho. Nunca le ha pasado. Normalmente no da importancia a su ropa. Pero hoy, aunque aún falta bastante para su cita, se siente nervioso. Se pone varios pantalones y ninguno le convence. Se los vuelve a probar todos. Y vuelve a descartarlos. Finalmente, sintiéndose injustificadamente apremiado por el tiempo, opta por los verdes de pana. La camiseta la elige más rápido: al fin y al cabo, piensa, no creo que hoy me la vea. Igual que los calzoncillos, quizá ligeramente infantiles. No confía en sí mismo; y hace bien: después la decepción es menor.

Ahora vacila entre ponerse camisa o jersey. Al otro lado de la ventana es noche invernal. Sí, el jersey verde de lana, ése que está tan desgastado. Le da un toque bohemio que, por lo poco que sabe de ella, cree que seguramente le gustará. Pero, ¿va a ir todo de verde, como un pimiento verde o un moco verde? Quizá debería dar un toque de otro color a su vestimenta. Revuelve los cajones en busca de su bufanda roja. Dibuja mentalmente qué tal le quedaría enroscada al cuello y, por supuesto, se ve mejor que sin ella. Revuelve y revuelve, pero no la encuentra. Y su adelantado reloj vital le dice que si no sale ya de casa llegará tarde. Y que ella no le esperará más de cinco minutos. Y que su oportunidad de hacer algo distinto a lo de siempre se esfumará. Y que su ocasión anual de tomar algo con una chica se pospondrá hasta el invierno siguiente.

Así que maldice el desorden de su habitación y deja de buscar la bufanda. Se pone las zapatillas de todos los días, que no quedan nada bien con los pantalones de pana, coge del perchero el chaquetón verde, muy verde, verde militar, y sintiéndose ya indudablemente un moco, sale de casa.

Por la calle corre hasta el punto de encuentro. No quiere sudar, pero mucho menos llegar tarde. Cuando ya se acerca a la boca del metro en la que se ha de reunir con ella, modera su paso e intenta hacer lo mismo con su respiración. Mientras camina hacia la parada mira con disimulo en todas direcciones, pero no hay nadie por allí que se parezca a ella. Consulta el reloj del móvil y comprueba que todavía faltan quince minutos. Bien, se dice mientras cruza la calzada, tengo tiempo para dejar de sudar, y, entonces, un autobús rojo que no va excesivamente rápido le enviste y le lanza por los aires. Cae muy cerca de la parada de metro, pero él ya no lo sabe. Los que forman un círculo a su alrededor ven cómo la sangre le desciende por la frente reventada y se retuerce en su cuello, cálida como una bufanda.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a Rojo

  1. ana dijo:

    Creo que la primera parte necesita un poco de agilidad y la segunda un poco más de extensión. Pero es sólo una opinión.

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