Buenos días

Me he levantado enfadado. Las razones son muchas y ninguna importa una mierda. Lo que cuenta es que todo puede acabar muy mal cuando me despierto así. Así que he intentado darle la vuelta a la inercia bajando a tomar unos cafés al bar de la esquina.

Pero hoy el camarero tiene un día especialmente bueno. Parece irreverentemente feliz. Joder, no sé… igual anoche a su mujer no le dolió la cabeza. Ganó su equipo. Murió su hermano. Ni idea. El caso es que sonríe demasiado y se le nota de lejos que tiene muchas más ganas de hablar de lo normal. Yo estoy sentado en la barra, en un taburete de imitación de piel que se mantiene de una pieza gracias a metros y metros de cinta aislante. Procuro beber mi café sin molestar a nadie. Pero sé que el tipo va a hacerlo de un momento a otro. Lo veo acercarse a mí despacio, y sé que va a tocarme los huevos. Y al instante está frente a mí, con la barra como toda barrera de protección. Para él o para mí, aún no lo tengo claro. Ahí está, plantado con los brazos cruzados a la altura del culo, sonriendo desde dentro de su chalequito de empleado de hostelería. Y me dice ¿Qué pasa, chaval? ¿Mucha fiesta anoche? Supongo que lo dice por mis ojeras. No sé, la verdad es que tampoco me he peinado. No me apetecía ni verme en el espejo. Pero se supone que tengo que aguantar que un camarero de mierda se me ponga delante y empiece a preguntarme sobre cosas que no tiene por qué saber. Me esfuerzo y le dedico una media sonrisa por toda respuesta mientras recorro la barra con la mirada en busca de algún objeto afilado. Pero sólo hay un pequeño tenedor un par de metros a mi derecha. El que hasta hace un minuto ha usado un octogenario para comerse una tapa de boquerones en vinagre. Ni de coña voy a acercar mis manos a esas babas. Además, no pienso molestarme en dar dos zancadas para acabar con alguien tan insignificante. Ya lo pillaré una madrugada de éstas. Sale de currar a las dos de la mañana y se va andando a casa. Hace gárgaras que suenan espesas y escupe flema cada diez pasos. Una razón más. Dejo un euro diez más propina junto a mi desayuno y le perdono la vida otra vez. Jamás me ha dado las gracias.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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4 respuestas a Buenos días

  1. ana dijo:

    muy real

  2. Annie L. dijo:

    El tendero de la tiendecita de bajo de mi casa abierta todos los días 14 horas domingos y festivos incluidos es así…. Y sí, el sentimiento es parecido…..

  3. Ana dijo:

    Bajo todos los días a tomar un café y leer el periódico. Pocas veces consigo lo segundo.

  4. sylvan dijo:

    Sylvan says : I absolutely agree with this !

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