Manual del bien querer

Que no te quería bien. Eso me soltabas cada vez que te sentías sólo un poco peor de lo normal. Cuando tus costras se abrían y sangrabas. Cuando no conseguías lo que tu cuerpo necesitaba. Cuando se te caía un diente en la sopa de sobre. Eso o que te quería mal, o fatal, o que ni siquiera te quería. Y que todo era culpa mía, que yo te había metido en esto. Pero que daba igual porque la verdad era que tú habías dejado de quererme hacía tiempo. Muérete ya, hijo de puta. Cosas por el estilo, gritabas.

Ahora te veo en todas partes y me pregunto si me lo decías sinceramente.

Me cruzo contigo en una calle cualquiera, casi siempre de noche. Aún estás a cierta distancia, pero no pareces encontrarte muy bien. Da pena verte andar. Te tambaleas, das bandazos de un lado a otro de la acera. Y tropiezas justo antes de pasar por mi lado. Y te sujeto con mucha más firmeza de la que en realidad tengo para evitar que te abras la cabeza contra el pavimento. Es un acto reflejo, no debes tenérmelo demasiado en cuenta. Supongo que por eso te sacudes mis manos de encima y sigues tu camino sin darme las gracias.

Otras veces te encuentro acurrucada en un portal, más desmayada que dormida.

Tiemblas de frío sobre el indescriptible charco de tu vómito y tus orines. Una apestosa mezcla ni espesa ni diluida de la que no me importa mancharme para levantar tus huesos y limpiarte a duras penas en la fuente pública más cercana. El agua fría te hace reaccionar. Pataleas, me insultas y golpeas el aire de mi lado con torpes manotazos de drogata. Hasta que te largas maldiciéndome, jurando que no quieres volver a verme en tu puta vida. Pero estoy seguro de que volveremos a coincidir por ahí en alguna situación similar, en cuanto el cerebro se me dispare de nuevo.

Por ejemplo, en el descampado que hay detrás del centro comercial donde solemos asaltar a algún despistado. Estás tendida sobre grava y tierra, y aún la tienes clavada en el brazo. Convulsionas arrojando espumarajos por la boca. Esta vez sí. Esta vez tendrás que reconocer que si no llego a aparecer por aquí y te dejo en la puerta de Urgencias las cosas pintarían muy mal para ti. Esta vez, a lo mejor, te das cuenta de que siempre te he cuidado.

O no.

Porque, más allá de mis buenos deseos, la realidad es que pasan tres años desde que te vas hasta que te vuelvo a ver. Precisamente ahí, frente a las puertas automáticas del centro comercial. Un colega me había contado que te vio no hace mucho entrar en una de esas tiendas de rayos-uva. Me dijo que parecías estar muy bien. Que ibas bien vestida y habías ganado peso. Que estabas muy buena. No le creí. Tuve que cerrarle la boca a ostias para que dejara de escupir toda esa basura sobre ti. Y, joder, era un buen colega, pero tampoco él me habla ya. No me extraña.

El caso es que estoy exigiéndole a un par de quinceañeros que me suelten la pasta de lo que tienen pensado merendar en Burger King cuando te veo atravesar gloriosamente la puerta del Carrefour. Tenía razón: ya no eres una chica raquítica al borde de la muerte. Tienes curvas, llevas falda de ejecutiva y hasta tienes buen color, como la gente normal. Como los dos quinceañeros que aprovechan mi perplejidad para largarse con su/mi pasta. Y vas cargada de bolsas de boutiques y hueles bien cuando pasas junto a mí. Pareces una señora. Ya no pareces tú. Ya no lo eres. Pero eso es lo de menos. Lo que cuenta es que me temo que tú piensas justo lo contrario cuando me ves. Porque me has visto; lo he notado. Has acelerado el paso y te has subido a toda prisa y dando un portazo en un coche familiar que te esperaba con el motor en marcha frente a la salida. Y seguramente has pensado que yo sí. Que yo sigo siendo el mismo.

Y tampoco esta vez me agradeces la delicadeza de no haber salido corriendo detrás de ti.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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3 respuestas a Manual del bien querer

  1. jano dijo:

    A veces los mejores gestos pasan desapercibidos.

  2. Insomnia Delirata dijo:

    Te leemos, crack y sanamente envidiamos tu prosa.

  3. YOU dijo:

    CORTO PERO INTENSO REAL ME GUSTA

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