Avistamientos

Esta ciudad tiene playa. Y allí es donde vamos cada vez que nos odiamos a muerte. Cada vez más a menudo. En ocasiones lo busca uno, en ocasiones lo busca el otro. Pero en realidad hace tiempo que no sería necesario abrir la boca para proponerlo. Ambos sabemos adónde tenemos que dirigirnos para que el milagro perdure un poco más. Así que hacia allí partimos en coche, en bus, a pie. En silencio durante todo el trayecto. Y acabamos sentados hacia el mar, sea la época que sea. Tampoco en la playa hablamos gran cosa. Uno al lado del otro con arena fina entre los dedos de los pies y en la lengua el sabor a pescado muerto que trae el aire salado, simplemente intentamos creer que celebramos un ritual. Algo que nos limpiará la mierda que cada cual acaba de verter sobre su amor. Algo así como una purificación, algo que nos volverá a juntar. Suele funcionar. Al menos, lo parece. Porque cuando regresamos al microclima del centro de la ciudad podemos volver a hablarnos y tocarnos. Hoy es de noche y hay poca gente en la playa. La silueta de un pescador tras una nebulosa de salitre. Un grupo de chavales unos metros a nuestra espalda. Beben alcohol y hablan a gritos, se nota. Sólo se intuye, porque por suerte el viento se lleva sus voces hacia otro lugar. Eso y ella y yo y el frío y la humedad de la arena mojándonos los pantalones. Es todo. Hasta que el resplandor aparece en el cielo. Una luz blanca flotando ahí arriba, inmóvil entre las nubes negras y el agua negra. Casi inmóvil durante demasiados minutos. Le digo Mira, un ovni. Y sí, ella sigue mi índice durante un momento. Pero luego clava los ojos en el polvo y escarba hasta sacar una concha vacía. Sopla en su interior y la costra acumulada en esas entrañas huecas… no sé… puede que durante miles de años… salta por los aires en millones de partículas. Y no necesito buscar su cara para estar seguro de que se dispone a decir algo importante. No pienso consentirlo. No pienso consentirlo porque de pronto mi costado izquierdo se ha transformado en un dolor lento, como el que producen las fracturas mal curadas. Así que le pido que se calle. Pero no obedece y sí, empieza a decir algo muy importante. No pienso consentirlo y sólo se me ocurre interrumpirle sin mirarla, asegurarle que ya nadie nos quitará haber visto juntos un platillo volante sobre el mar de nuestra ciudad. Que con nadie compartirá nada igual. Y de repente la luminaria voladora se me vuelve un destello acuoso, una gota de luz que tiembla y se derrama justo desde el centro de mis pupilas. Entonces el resplandor se perfila con mayor detalle revelando que lo paranormal no es más que un letrero luminoso arrastrado por una avioneta. Y unos segundos después distingo cientos de bombillas atravesando mi campo de visión. Publicidad de Marina d’Or o algo por el estilo. Publicidad para gente que no acaba de perderlo todo. Por suerte ella ya está de espaldas, caminando hacia el asfalto. Ojalá no se vuelva y se explique lo inexplicable. Ojalá se lleve en su mente un ovni. La sensación de que todo es posible. Todavía.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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5 respuestas a Avistamientos

  1. Daemonicus Imprimatur dijo:

    Parece que alguien esta enganchado, no sé si por inercia, por miedo a la soledad o por alguna otra razón.

    En fin, ya veremos, dijo un ciego.

  2. jano dijo:

    Casi siempre que leo tus relatos me dejas pensativo un rato…las otras veces me dejas K.O.

  3. Sulo Resmes dijo:

    .. y eso es lo mejor de todo, que cualquier cosa es posible. Siempre nos podemos agarrar a eso y a veces hasta ocurre lo impensable. Fíjate que hasta la lastimosa selección de fúltbol ha conseguido superar los cuartos, ya me contarás…

    Saludos crack.
    Por cierto, ¿ya te has decidido a poner los tags?

  4. Ana dijo:

    …confundí con estrellas, las luces de neón…

  5. ana dijo:

    muy bien

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