Tan en el primer mundo

Justo encima del supermercado que abastece de todo lo necesario para vivir a esta parte de esta parte de la ciudad. Aquí vivo. Justo encima de la salida de sus conductos de ventilación. Un metro o un metro y medio por encima de esas rejillas que no paran ni un momento de elevar hacia mi casa chorros de aire frío en invierno y de aire caliente en verano. Aquí intento dormir. Porque son las cuatro de la madrugada de un día de junio y siguen zumbando, vomitando sin tregua nubes invisibles de calor. Para que mañana el primer cliente que entre se encuentre fresquito y a gusto y hacer la compra no le suponga el menor esfuerzo. Nunca lo he tenido en las manos pero estoy seguro de que hay un manual de protocolo para cada establecimiento de esa cadena de alimentación. Y de las demás. Un protocolo cuyo punto X precisa a qué temperatura debe mantenerse la atmósfera de la tienda. Lo visualizo perfectamente. Impreso en Times New Roman con el 21º en negrita. Y me siento tan en el primer mundo… A oscuras en este cuarto, transpirando insomne, rodeado de aparatos electrónicos y aparatos informáticos. Tan en el primer mundo. Me levanto y contribuyo a aumentar mi particular ola de calor encendiendo el ordenador. Infojobs me ha mandado un email. Esta noche el mundo me ofrece ser vendedor de libros a puerta fría. Anoche reponedor en una gran superficie treinta kilómetros al oeste. Mañana algo por el estilo. Y sudo un poco más. Mi compañero de piso también me ha mandado un email. Desde su país natal. Europeo, por supuesto. Dice que se ha ido por unos días a su tierra porque tenía cita con el dentista. Y me siento tan en el primer mundo… Con los dientes y los pulmones manchados de tabaco, sin saber dónde coño he puesto la tarjeta SIP. Tan en el primer mundo. Debajo de la pila del lavabo sólo hay frascos de aftershave y cremas exfoliantes y gomina-efecto-mojado. Todo lo necesario para ser un buen italiano. Ni rastro de analgésicos, antidepresivos o somníferos. Ni una simple aspirina. Nada de lo que se necesita para ser un buen nadie. Así que me miro un rato las ojeras en el espejo sucio de gotitas de pasta de dientes y vuelvo a mi burbuja cúbica de calor o fiebre. Podría mirar las gilipolleces ajenas en Facebook. O podría abrir el Word y escribir algunas propias. Pienso en Saroyan. Pienso en Carver. Pienso en Ford. Y me doy vergüenza. Y ése es el sentimiento del que intento huir al poner en marcha el reproductor de música y sumergirme en la inofensiva posmodernidad de mi muro, los de mis amigos y los de gente que ni siquiera conozco. Y me siento tan en el primer mundo… Relleno uno de esos estúpidos tests virtuales. Con qué celebridades vivas o muertas te gustaría emborracharte. Pongo el primero a Bukowski porque es el único que añado sinceramente a la lista. Aunque supongo que nadie se preguntará Por qué cuando lo vea por la mañana en su pantalla. Tan en el primer mundo. Es más importante salvarle la vida al gato atropellado, caído, pateado o nada más que abandonado que lleva cinco minutos quejándose sin tristeza ni miedo en algún lugar de esta calle, simplemente quejándose como el animal que es. Así que no tarda nada en llegar una camioneta del servicio de animales municipal. Y me siento tan en el primer mundo… Cuando el hombre se tumba sobre el asfalto sucio y mete medio cuerpo debajo de un coche para salvar a un gato herido. Cuando una mujer y su hijito aplauden desde su ventana el éxito de la operación de rescate. Tan en el primer mundo.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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4 respuestas a Tan en el primer mundo

  1. Sulo Resmes dijo:

    Entiendo como te sientes, pero no se que decir para animarte. Supongo que podría recurrir a alguna frasecita celebre de esas que aparecen en los sobrecitos del azucar, supuestamente atribuidas a algún sabio de nombre impronunciable. No lo haré. Bueno sí. Hay una que me gusta: “Nunca llueve eternamente”. Pero creo recordar que no es de ningún filósofo o místico de ojos rasgados. La pronuncia el personaje interpretado por Brandon Lee en El Cuervo. Como ves todo un referente para el pensamiento contemporáneo. Con todo, que sepas que te abriré la puerta cuando vengas a venderme la Espasa-Calpe o lo que coño se venda ahora a puerta fría. No me comprometo a comprarte siempre. De hecho, conforme va mi economía familiar, probablemente no te compre nunca. Pero eso sí, siempre estarás invitado a cervecear. Y a hablar de Ford, Carver, Saroyan, Fitzgerald, Salinger…

    Nos vemos.

  2. jano dijo:

    no trine.

  3. M "el roquero enmascarado" dijo:

    buenísimo. Señor es usted una referencia.

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