05:27

Hace semanas que me despierto a las 05:27. Con despertarme no quiero decir que me ponga en pie a la espera de la hora de ir al trabajo de mierda. Lo que pasa es que abro los ojos, miro el despertador para ver cuánto tiempo de oscuridad falta para tener que reintegrarme en la nada luminosa y ruidosa del día siguiente, y veo que son exactamente las 05:27. Entonces me quedo observando los dígitos rojos hasta que llega el ocho. Porque siempre aparece, es cierto. Por lo menos hasta la fecha. Pero también es verdad que durante esos segundos de espera me invade invariablemente una angustia creciente. El miedo a que el mundo haya dejado de existir. A que el giro monótono de los días se haya detenido mientras dormía. Quedar atrapado en las tripas estreñidas de una noche eterna, entre sábanas sucias demasiado grandes y peste a colillas, obligado a ver cómo me descompongo hasta que mis pupilas se conviertan en tumores secos. Y empiezo a pensar en las cuentas pendientes, en las cosas que ya nunca diré ni haré. Y el corazón se me acelera y la cama se humedece y me juro a mí mismo que si se me regala otro ocho, otro minuto, otro día lo aprovecharé de verdad. Y cuando al fin el número cambia me relajo de golpe. Es agradable al principio, como una bocanada de aire. Pero el alivio es fugaz. Enseguida da paso a un vacío similar a la tristeza post-coitum. Como si una vez retirada de los ojos la nube de la tensión y el miedo el presente se revelara un clon con defectos genéticos del de ayer y el futuro un lugar tan lejano que nunca estará aquí. Y sólo quiero volver a dormirme y olvidarme de mis promesas de mejora y de toda esa mierda. Fantaseo un poco con el suicidio o con ser víctima de una tragedia que merezca la comprensión sin cortapisas del común de los mortales y adopto la posición fetal cuando noto cómo voy hundiéndome de nuevo en sueños negros. Despacio y sin aspavientos. Con cierta dignidad. Con algo parecido al placer. Remotamente, vale, pero parecido. En cualquier caso mucho más amable que la forzosa resurrección con la alarma de las 07:30, que suena como la campana de un puto cuadrilátero de boxeo.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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2 respuestas a 05:27

  1. micromios dijo:

    Yo también tengo mis fantasias con el despertador, generalmente son batallas por ver quien vence. Si gano, maldita suerte, es que estoy despierta antes de que toque con lo cual el insomnio me acompaña desde hace rato y si pierdo es que me dormí y el maldito me despierta en medio de un hermoso sueño.
    Hay batallas que, aunque gane, siempre las tengo perdidas.
    Me gusto mucho el relato, quizás por ser un tema del que suelo escribir a menudo pero siempre me gusta leer a los que saben tratarlo tan bien.
    Salut

  2. ivanrojo dijo:

    Sí, te leo y me he dado cuenta de que sueles tratarlo. Así que me alegra especialmente que te guste, Micro. Salut total para ti.

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