Reverso tenebroso

Juan es mi reflejo al otro lado de la ciudad. El pringado que interpreta mi papel de pringado en la otra sucursal de la empresa. Hablamos por teléfono con cierta frecuencia. Envíame escaneado esto, ¿sabes el número de expediente de no sé quién?, no me mandes nada al fax que se ha jodido. Esa clase de mierda. De vez en cuando, incluso,  intentamos dignificar nuestra jornada enviándonos un FWD supuestamente divertido.

Nunca lo he visto. Lo que sé sobre Juan lo sé de oídas. Aproximadamente de mi edad, de aspecto bastante descuidado, un auténtico apasionado del mundo de la construcción de maquetas con palillos. Un tío bastante gris, me dijo una vez alguien que había trabajado con él. Y todavía vive con su madre, añadió aquel imbécil como si me estuviera contando algo aberrante.

El caso es que, pese a no conocerlo en absoluto, le he cogido cariño. Ya sabes, tiene una de esas voces amables. Siempre habla despacio y en un tono tranquilo, casi resignado. Ni rastro de la sonrisa telefónica marca de la casa. Ni el menor asomo de preocupación por parecer eficiente. No sé, por resumirlo: es un alivio coger el teléfono y que sea él quien hable desde el otro extremo de la línea. Hace del momento un lugar más llevadero. Menos hostil. Más normal.

Sin embargo no me doy cuenta del tiempo que llevo sin hablar con Juan hasta que me llama esta mañana. El número que veo reflejado en la pantalla del teléfono no es el de su oficina. Le digo Eh, tío, ¿qué pasa? ¿Estás de vacaciones? Suelta una risa brevísima que es cualquier cosa menos una risa y me contesta No exactamente en un tono que no es el suyo, que parece el de alguien más viejo, más muerto, más derrotado.

Lo primero que se me pasa por la cabeza es que le han despedido. Y casi me alegro por él. Casi le envidio. Una liberación gratuita de esas en las que no tienes nada que reprocharte. No te has cansado, no has cometido el incomprensible acto de mandarlo todo a tomar por culo. Nadie podrá echarte en cara tu falta de disciplina, de responsabilidad, de puto sentido común, signifique lo que signifique eso. La crisis, dirás simplemente, y todo el mundo pondrá cara de pena y te dará una palmadita en la espalda. Te han despedido y durante un tiempo vas a poder tomar el sol por las mañanas, irte a comprar al mercado central, levantarte cuando te salga de los huevos. Hacer todas esas cosas inalcanzables que se te amontonan en un segundo de pensamiento cada vez que la cuenta atrás del despertador explota en la mesita.

Así que estoy a punto de decirle que no se preocupe, que no es para tanto, que mire el lado bueno: ya no tienes que aguantar a todos estos cabrones, cuando me dice que hace 52 días, 2 horas y 14 minutos que está ciego. Yo cojo la calculadora y no sé si me estremece más saber de su ceguera repentina o el siniestro dato numérico que me facilita.

Mientras me explica algo sobre el azúcar de su sangre y me cuenta lo raro (no dice jodido ni duro ni triste, dice raro) que es conservar solo el 5% de los ojos discurro a toda velocidad acerca de qué decirle y solo me vienen flashes de lugares comunes de lo más inapropiado: ya verás cómo todo se arregla y estupideces por el estilo. Y, claro, no se las digo. Tras un silencio imposible de medir lo que al final me sale es decirle que sobrevivir 75.014 minutos sin poder construir ni la maqueta de una canoa es el mayor logro del que tengo constancia y que, aunque entendería que se rindiera, de verdad deseo que pulverice ese récord minuto tras minuto.

Gracias, tío, por alguna razón sabía que tú me entenderías, me dice, no sabes lo harto que estoy de palmaditas en la espalda. Y añade: Oye, cuando quieras nos vemos en persona.

Ya mismo, le digo. Anoto la dirección, cuelgo de golpe, hago volar la papelera de una patada y me largo de allí sin decirle adiós a ninguno de los que me miran entre extrañados y asustados pero sin dejar de sonreír, muy profesionalmente.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a Reverso tenebroso

  1. micromios dijo:

    La vida te da sorpresas aunque tienes que poner tu la banda sonora para que suenen bien.
    Me has dejado pensando si tengo un reflejo.
    Salut

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