Lentamente

Es domingo, con todo lo que eso suele implicar.

Ya sabes, ese vacío en expansión geométrica. Bajas a por tabaco y tienes que lidiar con comercios cerrados y parques llenos de niños gritones. El bar/refugio de todos los días ocupado por matrimonios maltrechos que comen olivas y beben bitter kas en silencio absoluto. Un hombre barrigudo en chanclas y camiseta de tirantes limpiando su coche en la esquina. Algunas docenas de viejos bloqueando la acera en la puerta de la Iglesia. La larguísima cola de padres de familia que sale del sitio de los pollos asados porque la mamá no cocina los domingos. Así se sienten mejor, ellos y ellas, perpetuando las costumbres del rebaño.

Lo de siempre. La hostilidad exacerbada de los domingos.

Por eso es urgente encontrar de una vez una máquina de tabaco. Escasean tras la Ley. Das con ella al fin y mientras introduces las monedas por la ranura del dispensador de cáncer oyes que la criatura que se mueve detrás de la barra inicia una conversación con otra criatura muy parecida que se mueve, un poco menos, delante de la barra.

-Cada día estoy más orgulloso de no haber fumado nunca.

-Yo lo dejé hace años –apunta el otro-; gané en calidad de vida “lo que no está escrito”.

Y, claro, no puedes evitar volver la cabeza, echarles un vistazo.

Te mantienen la mirada un segundo, como para asegurarse de que has recibido, asimilado y vas a poner en práctica la perla de saber con la que acaba de iluminarte.

Después se giran despacio y vuelven a centrar su atención en el televisor.

La estrella patria del automovilismo se sale en una curva. Diez o doce coches lo adelantan en cuestión de segundos.

-Hoy tampoco “ganamos” –dice el orgulloso camarero.

-Bueno, pues pon el programa ese del tío que adiestra perros.

Y entonces metes los últimos cinco céntimos y piensas que no solo la nicotina mata lentamente. Sales de nuevo a la luz. El sol brilla ahí arriba, obscenamente perfecto. Un gigantesco limón mutante haciendo crecer las naranjas amargas de los árboles urbanos. Reflejando sus rayos en el papel de plata que envuelve los pollos muertos. Secando el coche resplandeciente del jubilado ocioso. Bronceando a gente que no sabe lo que es la melanina pero está muy satisfecha de sí misma.

Desperdiciándose poco a poco, muy despacio.

Anuncios

Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Lentamente

  1. Ariane dijo:

    El sol brilla cada día, aunque a veces no alcancemos a ver más que sus sombras. Buen relato.

  2. CR Óscar dijo:

    Maravilloso.

  3. jano dijo:

    impactante.

  4. Llambito dijo:

    Como le mola ser politicamente incorrecto!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s