Sucesos

Han matado al chaval de los chinos de la esquina. Hace tres noches.

Me entero mientras hago cola en su tienda. Las dos ancianas muy morenas que me preceden lo comentan con todo lujo de detalles en un simulacro inútil de voz baja. Cuando llega su turno pagan sus botes de bronceador y se van.

Yo no sé muy bien qué hacer o decir cuando dejo el paquete de café sobre el mostrador. Me he quedado sin esta mañana y hasta hace un minuto me parecía indispensable para sobrevivir a otro domingo de verano. No contaba con esto. Como es natural, supongo, me decanto por callar y pensar lo extraño que es que a pesar de la tragedia la tienda del muerto siga siendo lo único abierto en el barrio los domingos de agosto. Me siento incapaz de decidir si me parece admirable o lo más triste del mundo.

Es lo que da vueltas en mi cabeza mientras un chino muy parecido al que ya nunca estará me dice que es 1,20 y mete el café en una bolsa de plástico. Muy parecido, casi idéntico. Tal vez un poco mayor. Seguramente su hermano.

Me devuelve el cambio y me da las (muchas) gracias por mi compra. Su expresión repta por la línea que divide la pena y la ausencia. Definitivamente es exactamente igual que el que solía atenderme. La misma languidez bajo el parpadeo de los neones. La misma corrección. Milenios de educación en la sumisión al servicio de una compra de 1,20. Al servicio de alguien como yo o todavía peor.

Según las ancianas un par de borrachos quisieron divertirse a costa del chaval. Le dieron unas cuantas patadas y lo tiraron al río. Parece ser que no sabía nadar, han dicho las viejas antes de irse a la playa.

Por alguna razón me gustaría mucho, mucho, mucho saber que en aquel último trance un destello de verdadera vida relampagueó en sus ojos rasgados.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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5 respuestas a Sucesos

  1. Sulo Resmes dijo:

    Grande Iván… grande…

  2. micromios dijo:

    Los chinos parecen perdidos entre la cantidad de cachivaches que tienen en sus tiendas, como si esperaran que se las quitaramos de encima para liberarles no se sabe bien de qué.
    Impecable relato.
    Salut

  3. jano dijo:

    Que vivan los Domingos.

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