Medicina alternativa

Algo al rojo vivo me atraviesa el pulmón izquierdo al respirar pero no pido cita por eso. Ni por el insomnio ni la ansiedad. Sencillamente busco una coartada. Un justificante que poder entregar al día siguiente. Porque llevo tiempo necesitando romper el ritmo. Escaparme en la medida de mis posibilidades. Aunque solo sea para librarme de unas horas de trabajo. Así que cuando llamo para concertar la consulta me aseguro de que me parta la mañana.

A las 11:30 de dos días después ando por mi barrio de toda la vida rumbo al ambulatorio. Con prudencia. Vigilando las esquinas, atento a quién entra o sale de los comercios, mirando de reojo a las bicicletas que circulan por el carril-bici que antes no existía. Incluso de vez en cuando me parece identificar la cadencia de los pasos que andan a mi espalda. Entonces mi corazón se pone a bombear angustia hasta que reúno el valor para girarme y comprobar que no hay fantasmas. Así que quizá sea más apropiado decir que ando con miedo, a quién pretendo engañar. Y, claro, me arrepiento de muchas cosas. Por ejemplo de ser un completo desastre y dejar siempre para más tarde cualquier trámite. Cualquier decisión. Porque en este momento podría estar paseando tranquilamente camino del consultorio de la zona en la que vivo ya desde hace mucho más tiempo del que cualquiera necesitaría para actualizar la tarjeta SIP, y en cambio me veo recorriendo asustado los lugares del pasado. El viejo campo de batalla. El escenario de la derrota, en definitiva, simplemente por no haber cambiado la dirección de mi tarjeta médica.

Pero lo cierto es que, pese al miedo y cierta dosis de rencor, encuentro algo reconfortante en moverme por las calles por las que anduve durante años y años, cuando los problemas eran muy grandes y muy pequeños a la vez. Cuando los problemas, sobre todo, acababan solucionándose de una forma u otra, y casi siempre de la mejor. No sé… El último remolino de un aroma como a inocencia perdida flotando a mi alrededor, invitándome a volver a creer en ella. Es una tentación agradable. Pero para bien o para mal he aprendido que caer en ella sería fatal. De manera que opto por evitar descender a profundidades de las que uno nunca sabe si podrá escapar y quedarme con la satisfacción inmediata: a fin de cuentas es media mañana y debería estar aguantando alguna de las locuras del jefe mientras el 99% de mi cerebro echa de menos cosas que nunca han existido ni existirán o existieron y murieron. Y, sin embargo, aquí estoy, andando despacio y fumando despacio bajo un sol solo unos años más viejo que el que empezó a alumbrarnos. Sintiéndome como un explorador clandestino. Como un furtivo. Como un viajero en el tiempo. Igual de intrépido que acojonado. O casi.

Supongo que por eso experimento cierto alivio cuando llego a la puerta del ambulatorio. Es un sitio seguro. Por alguna razón descarto que allí dentro, entre gente enferma y jubilados aburridos, se produzca un choque fatal entre mi abatimiento y su nueva vida, que inevitablemente me imagino llena de luz, salud, amor y toda esa mierda. Miro la hora en el móvil. Como siempre he llegado diez minutos antes. Tiro el cigarro, me aseguro de que me quedan chicles de menta y enciendo otro. Mi doctora es una fanática de la cruzada antitabaco. O lo era. Ya digo, hace años que no vengo por aquí. Supongo que hasta es posible que haya muerto. Quizá incluso de cáncer de pulmón, ella, que la última vez me dijo que no hay nada más absurdo que matarse a base de algo que no aporta el menor placer. En aquel momento me pareció una afirmación demasiado estúpida para ser contestada y me limité a coger la receta y largarme de allí. Ahora me lo parece aún más.

Como el sol calienta más de la cuenta si te quedas quieto camino hasta doblar la esquina. Pego la espalda a la pared para que el triángulo de sombra me cobije por completo. Y sigo pensando en lo de siempre. En ese momento dos personas surgen a mi izquierda por la acera que acabo de dejar para guarecerme de los rayos del verano. Ella y él siguen su camino calle arriba. Comentan algo sobre un viaje a Marrakech. No oigo los detalles. Puede que lo estén planificando. Puede que ya hayan regresado y estén haciendo otros planes. En cualquier caso reconozco que lo primero que me viene a la cabeza es que va a ser verdad eso que pasa en las películas malas: que si te aplastas lo suficiente contra la pared el enemigo pasará de largo sin verte. Por supuesto, enseguida empiezo a pensar en lo verdaderamente importante. En que ha ocurrido lo que temía que ocurriera. Verlos por ahí, andando, hablando, respirando… haciendo juntos cosas normales. Y no puedo evitar concluir, con una tranquilidad que tras asustarme al principio empieza a dejar paso a cierto orgullo, que hasta en la tragedia la ficción es más insoportable que la realidad. La verdad: había imaginado que esto pasaría de un modo muy diferente. Que sería mucho más triste, más duro. Que se me pondrían los pelos de punta y me empaparía un sudor frío. Pero no, ni rastro de eso. Todo lo contrario.

Mientras los veo alejarse, empequeñecer en dirección a sitios que ya conozco y ahora entiendo que no quiero volver a pisar, casi me hace reír observar lo mal que le quedan a él unos simples pantalones. Y que ella, cogida de su mano, me resulta tan vulgar como él. Sí, vale, aún brilla levemente al sol, tiene cierta luz propia. Pero antes era mucho más intensa. Quizá reflejaba la mía, me digo, a pesar de la tiniebla constante, y entonces sí creo que sonrío un poco. Sea como sea, tengo claro que está bien donde está, perdiéndose en el tiempo y el espacio a cada paso. Y yo también. La prueba es que respiro hondo y no siento el menor dolor.

Anuncios

Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Medicina alternativa

  1. ester dijo:

    Siempre tendemos a pensar que la vida de l@s otr@s es mejor, sobre todo la de los que llevan la “típica vida” pero por qué???gracias a dios hay gente de todo tipo, viviendo vidas de todo tipo e “incluso” cambiando de vida cuando su fase vital o las circunstancias o lo que sea cambian. Hoy estás aquí o así, mañana allí o de otra forma..Y todas están bien…o mal o regular, son nuestras vidas y eso cada vez me parece más importante: nuestras, y con la cabeza bien alta:)

    Sigue con tus relatos, primo, y llámame cuando estés por Galicia, a ver si coincidimos. Yo me voy mañana.

  2. Ariane dijo:

    Ciertísimo. Ser feliz es de locos, de locos. No deberíamos juzgarlo, sino intentarlo. Siempre y con todo.

  3. CR Óscar dijo:

    Caminante, no hay camino…una gran verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s