Miedo

Es domingo y mi amiga me dice que quiere escribir algo sobre el miedo. Que lleva tiempo queriendo hacerlo. La sociedad del miedo, ha dicho refiriéndose al mundo en que vivimos. Asesinatos, guerras, hambrunas, enfermedades. Gente que sufre. Gente que teme sufrir. Es posible que la anticipación del miedo sea su lado más oscuro, más terrorífico. Gente asustada de lo que se refleja en la tele. Gente que teme convertirse en una de esas imágenes catódicas. Gente asustada del miedo que empaña el espejo cuando se mira en él. Gente paralizada por el terror que se refleja en los ojos de sus animales domésticos. Gente asustada de su propio miedo. Me habría gustado decirle que no me parece un buen tema sobre el que juntar palabras o imágenes. Me habría gustado que para ella este domingo fuera de playa o piscina o siesta a la sombra plácida de unos pinos. Pero la verdad es que he tenido que darle la razón. El miedo es una constante. Acecha a la vuelta de cualquier esquina bajo mil disfraces diferentes. Anoche lo comprobé por enésima vez. Salí a la puerta del garito de turno a echar un cigarro. Apoyado contra la pared había otro tipo haciendo lo mismo. Un tipo duro, parecía. Tatuado de pies a cabeza. Botas de motero. Chaleco de cuero. Dos anillos con calaveras. Un mechero/puño americano con el que me dio fuego cuando se lo pedí. Entonces me fijé en su cara. Debía de tener unos cuarenta pero la droga que se había metido de joven afloraba ahora en forma de pómulos afilados, cuencas huecas y cuatro o cinco mellas tan solo en la parte de abajo. Creo que se dio cuenta de que me daba cuenta de que unos meses más adelante ya no estaría allí. Intentó disimular el miedo que eso le daba señalándome con un gesto de su barbilla huesuda la moto que había aparcada enfrente. Es mía, dijo, ¿te mola? Mucho, le respondí. A mí también, añadió, y se rió hasta que una tos lo interrumpió. Respeté el silencio por el que optó hasta que acabamos los cigarros. Al fin tiró la colilla al suelo y la pisó con su bota negra. Luego levantó la cabeza y miró al cielo. No había luna, y era evidente que le habría gustado verla ahí arriba, brillando, esperándole, acogiéndolo. A mí también. Así que me parece bien que mi amiga quiera crear algo partiendo del miedo. Quizá así lo matemos un poco.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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