Unos metros por delante

Caminaba unos metros por delante de mí, más rápido de lo que cabría suponer. Sobre nosotros el cielo azul de un veraniego día de otoño. Nubes blancas y grandes como transatlánticos surcándolo sin enturbiar el sol. Y a nuestra derecha el muro de un colegio. El griterío de los niños en el patio; una enorme bandada de pájaros de colores alzando el vuelo en todas direcciones. Y él avanzando deprisa unos metros por delante de mí, joven, tristemente muy joven. A punto de caer a cada paso de sus piernas lisiadas. Con los brazos inútiles replegados contra el abdomen. Encorvado, la cabeza oscilando sobre su cuello de alambre con la barbilla adelantada hacia la amenaza del pavimento. Parálisis cerebral. Esclerosis. Algo por el estilo, el diagnóstico exacto es lo de menos. Lo relevante está en las consecuencias: nadie que no estuviera obligado a hacerlo iba a quererle jamás. En fin, quererle en el sentido de elegirle. Yo lo sabía, él lo sabía. Todos cuantos se cruzaban con él y lo miraban haciendo como que no lo miraban lo sabían. Pensé que esa certeza debía de tener un lado positivo para él. Lo otro era peor. La obligación de buscar. El deber de encontrar. Entonces se cayó de bruces. Sonó como un coco contra el suelo. No aceleré el paso, pero por proximidad fui el primero en socorrerle. Sangraba por la nariz y por una brecha en la ceja izquierda. Abundantemente. Me miró desde detrás de la catarata roja. Creo que se alegró de no ver lástima en mis ojos. Solo entonces me di cuenta que llevaba unos auriculares. Me pareció entender que la canción decía You’re putting on a shirt, a shirt I’ll never see. Le limpié como pude la sangre de la cara y me deslicé entre el corro de curiosos que crecía en torno a la escena. El bullicio continuaba tras los muros del colegio. Un balón amarillo se elevó sobre ellos, trazó una parábola fugaz en el aire y desapareció de nuevo tragado por la alegría de los niños. Ajenos a lo que les esperaba fuera. Igual que el cielo y las nubes ahí arriba, tan perfectos como un par de minutos antes.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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7 respuestas a Unos metros por delante

  1. "M" dijo:

    sí, señor.

  2. Ariane dijo:

    Un relato muy honesto. Pero tengo una objeción, o una observación, como se le quiera llamar. En los patios del cole rien y juegan niños, que solo son niños en ese pequeño espacio del día. A muchos, después de sonar el timbre, les espera otro tipo de parálisis, no cerebral, sino de su propia infancia. Seguro que entiendes mi humilde apreciación.

    • ivanrojo dijo:

      ¿Honesto? No sé. En cuanto a los niños, tampoco sé. Simplemente, en este quedaba mejor decir que siguen ajenos a lo del otro lado de la pared, sea verdad o no.

  3. jano dijo:

    lo recuerdo.

  4. ToniNoja dijo:

    Pues yo no he podido dejar de pensar en una manada de niños detrás de un fragil muro…vaya cague!! ESo sí que da miedo….como dicen Love of Lesbian,,,”Los niños en manada….”
    Nos vemos dancing en Kitty and brothers, Sir!!
    Un abrazo

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