Por encima de tus posibilidades

Todas las mañanas…

Dejas caer una moneda en la cazoleta del viejo de los cartones. Cuando no llevas suelto te anticipas y le das un cigarro sin que tenga que pedírtelo. Nunca te da las gracias, ni falta que hace. ¿Tú agradecerías unos céntimos caídos del cielo si estuvieras sentado sobre orines de perro?

Luego te tomas el café en el bar de abajo de tu oficina. Mes a mes, semana a semana, casi día a día observas cómo se dispara la cantidad de gente abollada que se acoda en la barra. Algunos todavía buscan su última oportunidad en la sección de clasificados del periódico. Sujetan el papel con dedos crispados y de vez en cuando aún tienen fuerzas para maldecir su suerte. Pero la mayoría han comprendido que son demasiado viejos. Apuraron sus opciones hace tanto que ni siquiera son capaces de recordar cuándo. Ya no esperan un giro brillante del azar, y hacen bien. Así que se limitan a beber anís o coñac o cazalla, cosas potentes, anestésicos sin receta y de efecto rápido. Si los observas durante un par de minutos te darás cuenta de que el fulgor etílico de sus miradas esconde unas pupilas mates.

Pero, por si fuera poco, no se trata solo de eso. No se trata solo de los excluidos sociales, ni de los “alcohólicos de larga duración”, ni de los cajeros-dormitorio repletos de un tiempo a esta parte, ni del tipo con “4 ijos peqeños” y las uñas negras que te ofrece unos kleenex en el semáforo mientras escuchas a los Black Keys o, seguramente, algo mucho peor.

También está la señora de la limpieza que saca fuerzas de donde ya no tiene para fregar los siete pisos de tu escalera a las siete de la mañana de la víspera de su despido. Y su hijo pequeño mirándola desde unos peldaños más abajo con sus oscuros ojos bolivianos, esperando que ella lo lleve al colegio entre esta comunidad y otra que también será la última.

Y la gente que hace cola los martes y los jueves en el banco de ropa que hay dos manzanas más arriba. Cuando pases a su lado mirarán hacia abajo. Supongo que es normal.

Y tu padre, viejo y cansado y trabajando en la otra punta del país porque es allí donde le ha salido algo que le ayudará a mejorar su mierdosa pensión de jubilación.

O tú, contento, casi orgulloso de conservar tu trabajo de mierda un día más. Mil euros. Ni eso. Tan solo lo justo para pagar el alquiler de tu piso compartido. Lo justo para no salir rebotado del gran engranaje como una pieza rota. De momento.

En fin, cuando estés parado en el semáforo en tu coche de tercera mano y el de los pañuelos golpee tu ventanilla no se te ocurra quitar la música aunque te sientas incómodo disfrutando de algo mientras otro mendiga al otro lado del cristal. No pongas la radio. Si lo haces puede que oigas a alguien decir que has estado viviendo por encima de tus posibilidades. Y será alguien que no tenga ni puta idea de quién eres. Y mucho menos de lo altas que podrían llegar a ser tus posibilidades.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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6 respuestas a Por encima de tus posibilidades

  1. micromios dijo:

    Me hizo pensar en que dicen que aun no hemos tocado fondo. No sé a donde quieren que lleguemos, al centro de la tierra?
    Salut

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