s/t

Alejandra nunca ha tenido la cuenta en números rojos, pero jura y perjura que sabe lo dura que es la vida. Me mira y me lo dice intentando poner sentimiento en sus palabras, tal vez poniéndolo de verdad, pero su voz suena y hasta huele a aire hueco. Como lo oyes, el verano pasado tuve que conformarme con Tailandia -me cuenta como si sobrevivir a ese drama le hubiera costado la salud-; dos meses enteros en las Fidji me complicaban la navidad en Balmoral.

Sí, reconozco que a veces es difícil reprimir el impulso de partirle los dientes. Pero al fin y al cabo ella no tiene la culpa. Quiero decir que aprendió a vestirse sola en su vestidor privado y a los dieciocho le regalaron un Golf. Diez años después va por la ciudad en un pequeño Mercedes de cambio automático. Azul Tahití metalizado, el rojo o el gris o el azul de toda la vida son demasiado corrientes. Para los trayectos interurbanos coge el Saab, más robusto, más seguro.

Pero, ya digo, para ir al estudio de arquitectos de su padre usa el automático. Dice que trabaja allí. En realidad todo lo que hace es hablar por teléfono con sus amigas del colegio de monjas. No ha estudiado arquitectura, ni falta que le hace. También, de vez en cuando, le dice a su padre que es hora de cambiar el color de las paredes. Es lo único que le queda de aquel impulso artístico que le hizo apuntarse a bellas artes hace un par de años. Lo dejó a mitad del primer cuatrimestre y se puso a hablar por teléfono desde la oficina de su padre por 3.000 euros al mes. Supongo que no es tan tonta como parece.

Y además está bastante bien y creo que me quiere de verdad. Así que a veces dejo volar la imaginación y pienso durante diez o quince segundos seguidos en las cosas buenas que tendría formalizar esta mezcla imposible. Toda esa vitamina D cayendo sobre mí en una playa de las Bahamas. Una piscina para el verano y otra climatizada. Conocer a gente importante en el cóctel de la semana. Tener un cuarto con vistas al mar o a la montaña o a las dos cosas destinado única y exclusivamente a ser mi sitio donde escribir. Lo malo es que me temo que no se me ocurriría nada.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a s/t

  1. Vero dijo:

    Nada más lejos de la realidad bien posicionada. No he escuchado veces esa primera frase y ver con mis ojos el resto del texto.

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