La cabeza de Lis

A oscuras sobre la almohada, dando vueltas de un lado a otro, la cabeza de Lis sufre.

Físicamente: dolor ahí, entre las cejas y derramándose sobre ellas hacia sus sienes suaves. Cada vez menos, pero aún suaves.

Todos esos días, semanas, meses tras el mostrador. Años.

Un lapso de tiempo que tiende a infinito, a convertirse en toda una vida con esa placa en la solapa -Srta. Lis-, viendo pasar caras, bocas, voces que piden cafés y algún que otro sándwich mixto.

También sufre psicológicamente, la cabeza de Lis.

Tiene unos días libres a final de mes y le gustaría pasarlos en la montaña, disfrutar de las últimas nieves.

Se lo dijo una amiga el otro día. Algo así como:

X y yo vamos; venid vosotros también, chica, hace mucho que no salís.

Sí, a la cabeza de Lis le vendría muy bien la nieve. Las nubes blancas y el sol blanco y todo ese aire azul brillante alrededor. Les vendría muy bien a los dos.

El forfait está tirado de precio, añadió la amiga aquel día.

Pero la cabeza de Lis sabe que no lo suficiente. Su X particular lleva meses en el paro, puede que ya más de un año.

Y sobre todo la cabeza de Lis sabe que él ni siquiera sabe lo que significa esa palabra. Para empezar a atisbar el sentido de ese galicismo tendría que conocer primero el significado de unos cuantos anglicismos. Check list, job matching, mobbing. Pero no, él no quiere saber en qué consiste todo eso.

Solo aguantó quince días en el último trabajo, piensa la cabeza de Lis mientras escucha la sintonía de despedida de Windows en la habitación de al lado.

Eso es todo lo que hace desde el invierno pasado: el gilipollas a tiempo completo delante del ordenador. 300 euros en un concurso de Soria, nada más.

La cabeza de Lis es consciente de que fue ella misma quien le animó.

En parte es responsable de todo esto; hubo un tiempo en que creyó que la cosa podría funcionar de esta manera. Pero ahora está cansada de cansarse sola.

Es natural, le ha dicho mucha gente últimamente.

Tanta que: Es natural, piensa esa noche por sí sola por primera vez.

Y al poco le oye orinar al fondo del pasillo. Ese burbujeo, esas últimas gotas impactando contra el líquido sucio. Luego escucha el sonido del cepillo contra sus dientes. Unas breves gárgaras. Y sus pies arrastrando las zapatillas de estar por casa en dirección al dormitorio donde la cabeza de Lis ya ha tomado una decisión.

Al fin y al cabo tampoco era tan especial, piensa la cabeza de Lis, y ni siquiera se sorprende de estar conjugando verbos en pasado.

Lo que la cabeza de Lis no sabe es que, mientras ella finge estar dormida en su extremo de la almohada, de la oscuridad y del mundo, la cabeza que se acuesta a su lado intentando no hacer ruido también acaba de decidir otras cosas por su cuenta. Quizá sean importantes, aunque también es posible que no sean más que estupideces.

Mañana se sabrá, si es que hay ocasión.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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Una respuesta a La cabeza de Lis

  1. micromios dijo:

    Las cosas que nos pasan por la cabeza, más que por la vida.
    Salut

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