Más vale tarde

Cuando mi madre me dijo que le gustaría pasar una temporada en la casa del pueblo supe que se había dado por vencida. No se lo reproché; hacía ya casi un año que se le había caído el pelo. Luego, durante aquel breve espejismo de esperanza, volvió a crecerle un poco. Era de un color distinto al de siempre, y más rizado. Nos reímos al ver aquellos mechones rebeldes. Ya digo: duraron poco. Así que, claro, le dije que no había problema, que a la semana siguiente nos mudábamos. Dediqué aquellos días a poner la casa a punto. Hacía años que no íbamos. Muchos. Todo estaba estropeado y sucio. Los grifos escupían agua fangosa y las bombillas explotaban al pulsar el interruptor. De algún modo que ahora no sabría explicar, algo así como por instinto, conseguí medio arreglar todo aquello y hacer que la casa volviera a ser un lugar habitable en el plazo que le había dicho a mi madre.El último día pinté las paredes y los techos. Cuando terminé me quedé plantado en medio del comedor, observando el resultado. Los últimos rayos de un sol sin filtros de polución entraban por la ventana. Partículas de decenas de especies vegetales brillaban en blancos y dorados en el aire. La casa entera parecía el núcleo cálido y acogedor de una estrella. Y me sentí orgulloso, la verdad. Orgulloso y aliviado. Ese orgullo y ese alivio que se sienten cuando se alcanza algo contra pronóstico. En todo caso, esa sensación también duró poco. Al día siguiente, de vuelta en la ciudad, tras cargar sus cosas en el maletero y ayudarla a sentarse a mi lado en el coche, algo se removió dentro de mí. Cuando cogimos la carretera y dejamos atrás la ciudad supe de qué se trataba. Esa manía mía de lograr hacerlo bien cuando ya es demasiado tarde. Era algo que mi madre, de una manera u otra, me había repetido muchas veces en mi vida en relación con temas mucho menos importantes. Y ahora, mientras la llevaba al pueblo en que había decidido decir basta, me aterraba la posibilidad de que volviera a decírmelo al ver el esfuerzo que había invertido en una casa de la que ella no disfrutaría más que unos meses. No fue así. Simplemente dijo que le encantaba, que todo estaba perfecto. Luego le tembló la barbilla, se acercó a mí y me abrazó.

Anuncios

Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Más vale tarde

  1. jano dijo:

    Como tenazas….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s