Terror

Llovía y hacía frío. Apetecía buscar refugio. Por lo menos a mí. Le propuse ir al cine. Dijo lo habitual: que le daba igual. Nos plantamos ante el panel que anunciaba las diferentes películas. En la sala 6 ponían una de vampiros que tenía buena pinta. Dijo: Ya sabes que no pago por pasar miedo. ¿Miedo?, pensé, ¿Ver cómo un actor con colmillos de pega muerde el cuello de una chica guapa es pasar miedo?

No.

El miedo

Es lo que habita

En la sombra

De las

Cosas cotidianas.

Esos viejos

Que escupen

Por la calle.

Esos jóvenes

Que escupen

Por la calle.

Las bragas color carne.

Saberte de memoria

Tu DNI.

Saberte de memoria

El de tu novia.

Piénsalo:

Un número

De ocho dígitos…

Eso sí que es

Aterrador.

Igual que

Saber de antemano

Lo que vas a leer

Al abrir por

Una

Página

Al

Azar

Un periódico cualquiera.

Esa muchedumbre

De las

Manifestaciones

Que es

La misma

Muchedumbre

De la jornada electoral

Y la misma

Muchedumbre

Que madruga

Para ser

El primero

En hacerse con un iPhone.

Encender la tele.

Encender la radio.

El hombre-anuncio

De Domino’s Pizza.

Las cenas de singles.

Tener un pastor alemán

En un piso de

Treinta metros

Cuadrados.

Ese solterón

En el pasillo del súper

Que no acaba de decidirse

Entre una u otra

Marca de gel.

El Casio

Que asoma por la manga

Del Papá Noel

Del centro comercial.

El silencio

Envasado al vacío

Del coche

De esa pareja

Que se detiene al lado

En el semáforo.

La gente orgullosa

De ser gay.

La gente orgullosa

De ser negra.

La gente orgullosa

De ser mujer.

La gente orgullosa

De ser lo contrario

De esas cosas.

Me asustan.

Y los libros que

Se apergaminan bajo

Los ojos soñolientos

De los viajeros

Del metro.

La cantidad de colillas

De tu cenicero.

El repartidor de Seur

Que te mira fijamente

Mientras

Se rebana el cuello

Con el pulgar

Porque le has cerrado

En una curva.

Los pelos de la nariz

Del cajero

Del banco.

La gente con peluca.

Hacerse viejo.

Morir de viejo.

Eso, pensé, todo eso sí que da miedo. Pero no se lo dije. Lo único que salió de mi boca fue: No te preocupes, yo invito. Pero ni por esas. Acabamos viendo una comedia romántica tan previsible como cualquier otra. Giré la cabeza para mirarla ahí sentada a mi lado. Parecía pasarlo bien. El resplandor de la pantalla le iluminaba los ojos e hizo que sus dientes parecieran relucientes colmillos de vampiro cuando me miró, sonrió y dijo: ¿No te recuerda a nosotros? Sentí que un escalofrío me subía por la columna vertebral y cómo el miedo empezaba a bajar lentamente por la ligera pendiente del pasillo del cine como una ola viscosa, imparable, inevitable. Y eché de menos estar en la sala 6, comiendo palomitas y viendo una peli de inofensivo terror.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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4 respuestas a Terror

  1. pllambes dijo:

    Sublime, bravo!

  2. micromios dijo:

    Espléndido mestizaje .
    Terror me da reconocerme en algunas de las cosas que te dan terror.
    Salut

  3. ester dijo:

    los pelos como escarpias…eso sí da miedo…Muy bueno

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