La partida de la vida

Así que estaba con un amigo tomándome una cerveza en la terraza del bar de la esquina cuando pasó aquel tío y me pidió un cigarro. Le dije que no al tiempo que me daba cuenta de su voz pastosa y de sus ojos que miraban sin ver demasiado. Tenía unos treinta y una de esas caras congestionadas de los que emprendieron un mal viaje del que nunca regresaron del todo. No hizo como hacen algunos cuando te niegas a pagarles sus vicios. No protestó ni me insultó entre dientes. Simplemente se dirigió con paso cansado al cenicero de pie que había junto a la puerta del bar. Quitó la tapa y se puso a rebuscar entre la ceniza, las colillas y los chicles. No tardó mucho en dar con medio cigarrillo. Entonces se lo puso detrás de la oreja y se fue por donde había venido. Me sentí mal. Seguí hablando con mi amigo pero no podía dejar de pensar que había estado en mi mano evitar aquel acto indigno. Al final sacudí la cabeza y las ideas que tenía dentro y me dije que no podía ponerme siempre del lado de los que un mal día perdieron la partida de la vida. Por mi bien. Y me pedí otra cerveza con la esperanza de que me sirviera para ver mejor el mundo. O para verlo peor. Según se mire.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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