En los sueños no hay comas

Yo remaba río arriba en una pequeña canoa y en el cielo no había ni una nube y el sol arrancaba pellizcos dorados de la superficie y frente a mí al fondo del paisaje se vislumbraba un resplandor que se alzaba hacia las alturas y que no era precisamente dorado ni tampoco plateado pero parecía proceder de alguna clase de tesoro y las riberas del río estaban pobladas de una densa vegetación que me impedía ver la parte baja del horizonte salvo de vez en cuando al tomar alguna curva en mi remontada y en una de esas al fin veía en la distancia una pirámide invertida girando lenta y majestuosa sobre su eje y entonces comprendía que ella era la fuente del resplandor y al darme cuenta de ello metía la mano en el agua y comprobaba que era cálida y agradable y de algún modo estaba seguro de que su temperatura era exactamente de treinta y seis grados y medio y luego me llevaba la mano húmeda a la boca y comprobaba que ni el sabor ni la textura del líquido por el que navegaba eran los del agua sino más salado y más viscosa pero igualmente apetecible bajo aquel sol implacable y seguía remando porque había llegado a la convicción de que el propio río manaba de aquella maravillosa pirámide y de repente nada era más importante para mí que alcanzarla y contemplarla de cerca y acceder a sus misteriosas entrañas pero al mismo tiempo tenía la inquietante sensación de que jamás conseguiría llegar hasta sus dominios y en efecto cada vez que podía vislumbrarla entre la vegetación parecía estar exactamente a la misma distancia de mí por muy fuerte y rápido que remara y esa intuición me ponía muy nervioso pero no lo bastante como para dejar de remar y permitir que la corriente me arrastrara río abajo así que seguía hundiendo los remos en el líquido tan rápido como podía y notaba el dolor en mis músculos y la espalda hecha trizas y así seguía hasta que me despertaba en plena noche y comprendía que todo había sido un sueño y tenía sed mucha mucha sed y a falta de algo mejor iba a la cocina y me ponía un vaso de agua y mientras me lo bebía veía a través de la ventana la luna llena resplandeciendo en medio del cielo negro exactamente sobre tu casa en la otra punta de la ciudad tan eternamente equidistante de mí como la pirámide invertida de mi sueño.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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