Orgulloso de ser español

Son las 06:46 y, como cada día, conduzco sin ganas de camino a la planta de tratamiento de residuos en la que milagrosamente he conseguido trabajo. Temporal, claro. El motor emite un carraspeo oxidado cada cinco segundos y la luz de la reserva lleva dos días encendida. Me sorprendo planteándome que no sé si prefiero quedarme tirado o llegar al vertedero cuando un semáforo en rojo me obliga a detenerme junto al muro oeste del cementerio. Ese a los pies del que se pinchan los hijos de los yonkis de los ochenta que se descomponen al otro lado. Y, bueno, el caso es que esta mañana encuentro una pintada escrita en él, en enormes mayúsculas rojo sangre. ORGULLOSO DE SER ESPAÑOL. En contra de mi voluntad, lo juro, me da por intentar imaginar al tarado que ha decidido salir en plena noche para escribir ese mensaje. O tarada, quién sabe. Sea como sea, soy incapaz de rellenar su siniestra silueta. Únicamente, teniendo en cuenta que las letras están prácticamente a ras de suelo, consigo atribuirle una corta estatura. Cortísima. Eso, o quienquiera que escribiera la pintada tuvo que hacerlo agachado. En cualquier caso lo que realmente me deja sin palabras es la imposibilidad de intuir siquiera el contenido de su cerebro. El venenoso caldo de cultivo en que tienen que flotar sus sesos para pudrirse hasta el punto de hacerle escribir lo que escribió. La incurable ceguera en que deben estar sumidos sus ojos sanos para no llorar al ver, por ejemplo, la muerte anunciada de mi generación sin futuro. La riqueza esquilmada por los ricos. La decencia extinta para siempre. El imperio del partidismo en lugar del tomar partido. La dignidad pisoteada bajo las botas de la necesidad. La sumisión ensalzada como virtud. El tragar y tragar y volver a tragar hasta atragantarte para luego sonreír como un imbécil, dar las gracias y seguir tragando. La profunda cobardía de un país acomplejado. Su vergüenza histórica. Su insondable estupidez. Su caminar bovino hacia el matadero sin siquiera elevar un triste balido. Joder, orgulloso de ser español, camerunés o yanki… ¿Cómo, si ya no podemos estar seguros ni de ser humanos? Por eso cojo la vía de servicio, me detengo junto al muro y bajo del coche desabrochándome la bragueta. Luego me acerco a la pared y suelto la meada más sucia y gloriosa de mi vida allí mismo, justo en el guion de la eñe. Echando la cabeza hacia atrás. Sintiendo el escalofrío de alivio. Exhalando al cielo matinal el orgullo de no sentirme especialmente orgulloso de nada.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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