Como los motores del Titanic

Unos labios limpios estampándose en tu piel -aunque sea la de la mejilla- y unos dedos suaves recorriéndote la nuca tensa en el momento exacto, derramando sobre tu espalda el tibio aceite del contacto humano. El momento exacto, ya sabes: esa noche, siempre noche, en que te sientes más inútil que los motores del Titanic. A oscuras, postergado, corroído por el tiempo. La boca llena de cieno. Como ese cadáver canino en la cuneta lluviosa que los conductores ni siquiera miran de reojo. Bueno. En esos momentos no te servirá leer una novela, ni siquiera un cómic facilón. La tele no emitirá la película adecuada. Y tus discos, con suerte, tan solo conseguirán mantenerte medio a flote. Penosamente medio hundido. En esos momentos, créeme, ni siquiera el alcohol te salvará; simplemente cambiará la composición química del líquido en que te ahogues. En esos momentos únicamente el roce del amor humano, por sesgado que sea, conseguirá acercarte un poco a buen puerto. Así que aprécialo si lo tienes. Respétalo. No todo el mundo tiene esa suerte. Si no me crees, no sé, piensa por ejemplo en tus vecinos. Esos seres extraños que habitan al otro lado de tus paredes. Sé sincero: ¿dirías que están tocados por el amor? O la gente que viaja contigo en el metro. O quienes hacen cola delante o detrás de ti en el supermercado justo antes del cierre, cuando la calle ya está oscura. Ya sabes: los que no llevan cesta ni bolsa porque solo compran un par de cervezas para atravesar la noche, una pizza congelada y un botecito de bicarbonato. Ya sabes: esos que llevan demasiado tiempo sin oír su propio nombre de la boca deseada. Esos eternos anónimos. ¿Qué opinas? ¿Dirías que en casa les esperan esos labios frescos, esa mano cálida? ¿O dirías que se sienten más o menos como se sentirían las putas turbinas del Titanic si tuvieran corazón? Probablemente, ¿no? Bien, recuérdalo cuando te los cruces: todos ellos, en algún momento, se vieron a sí mismos tan imponentes como el mejor de los transatlánticos. Y ahora todos y cada uno de ellos matarían por tu suerte, sí, esa de la que demasiado a menudo reniegas. Por vivir poemas mejores que este. Por resucitar sus hélices, deshacer el barro y emerger al sol.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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