De por vida

Bajo árboles pelados enterramos a mi madre. Mientras el ataúd se hunde en la tierra levanto la vista hacia una madera un poco más viva. Sobre las cabezas de los pocos asistentes las ramas se entrecruzan como manos de vieja, grises y huesudas. Crispadas. O como manos de borracha. No sé de qué especie son. Sauces llorones no, eso seguro. Y no los echo en falta; nunca fue una santa. Recuerdo el incidente con la plancha mientras veo cómo un avión blanco y perfecto atraviesa el cielo azul en respetuoso silencio. Tras de sí la estela permanece unos segundos. Luego el viento la desplaza lentamente hacia el norte. Tal vez sea el sur. A quién le importa. Y al cabo se difumina por completo. Como si nunca hubiera existido. Con el recuerdo de mi madre sucederá algo parecido, pienso. O eso espero, pienso. Y no soy capaz de determinar la sensación que esa idea y ese deseo me producen. Me palpo la mejilla izquierda. Ese costurón abultado, rugoso, requemado que me derritió la sonrisa a los ocho años. Mi marca de por vida. Una de ellas. Supongo que tengo derecho a sentir lo que quiera.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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