Pequeños milagros

Ir por la calle a las cinco de la mañana tiritando rumbo al trabajo como un pollo desplumado y que alguien a tu espalda diga Eh, tío. Y pensar No, joder, no llevo un cigarro, lo estoy dejando, no sé por qué ni para qué pero lo estoy dejando. Así que sigues avanzando sin volverte, concentrado en avanzar, en finiquitar el día X del mes Y del año ZZZZ. Pero la voz insiste detrás de ti: Eh, tío, se te ha caído esto. Y entonces te giras, y ves a un tipo de aspecto turbio, un tipo al que no le confiarías ni la tesorería de un partido político, dirigirse hacia ti con una cartera en la mano. Y por reflejo te llevas la tuya, tu mano, al bolsillo de atrás y compruebas que la tuya, tu cartera, no está allí. Porque es esa, la que te está tendiendo esa alma bendita que hace que la noche se ilumine un poco, que te hace recuperar la fe en algo más aparte de la traición que todos cometemos contra nuestro propio instinto desde el instante en que venimos al mundo. Envueltos en sangre fría. Y ajena.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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