Tarde

En la carretera. El coche de delante dio de pronto un volantazo. Escuchamos el impacto. Algo, un bulto, una sombra oscura, salió volando por los aires. Aterrizó en el arcén. Aquel coche se perdió en el amanecer. Pero nosotros éramos buenas personas, así que nos detuvimos. Nos acercamos al cuerpo. Un perro, claro. Un perro de pelo corto, muy flaco, hecho un ovillo. La piel tirante sobra las costillas y calvas en el lomo. Temblaba. Nos miraba con los ojos muy abiertos. Pude ver nuestras caras reflejadas en aquel par de charcos negros. Y no me gustó lo que vi. Pensé en decírtelo pero el animal aullaba bajito, como los viejos de los asilos lloran su tristeza por las noches. Y pensé en nuestra madre. Y supe que nuestro viaje ya no tenía sentido. Tuve la certeza de que nuestra madre acababa de morir en la habitación 307 de la residencia en que la habíamos encerrado. Me sentí la persona más sucia de La Tierra. Y quise darte una paliza allí mismo, al borde de la carretera. Deseé molerte a hostias por haberme convencido de hacerlo. Aunque la verdad es que no tenía claro que no te hubiera convencido yo. Y con la pena y la rabia y la vergüenza mezclándose en mi pecho vimos morir al perro. Contemplamos en silencio cómo sus ojos crecían hasta casi salirse de sus cuencas. Y cómo un momento después eran dos piedras sin brillo entre sus párpados. Contemplamos la lengua extendida sobre el polvoriento asfalto, palideciendo y enfriándose a cada segundo hasta quedar inmóvil como un péndulo roto. Y ni rastro de sangre en la muerte. Solo un fino reguero cuando lo cogí de las patas traseras y lo eché a la cuneta. Un surco muy oscuro a la media luz del alba. Después me lavé las manos con el agua de la garrafa del maletero y seguimos el camino. No sé si habías tenido la misma premonición que yo, pero me pareció que te alegrabas más de lo normal cuando al llegar a la residencia encontramos a mamá sentada en su butacón. Yo también me emocioné, lo reconozco. Al cabo de hora y media nos despedimos de ella y emprendimos el regreso. Nueve meses después murió. Nos dijeron que tranquilamente, en su cama. Sin enterarse. Espero que sea cierto. En fin, no sé tú, pero en ese tiempo yo había hablado con ella por teléfono un par de veces. Tal vez solo una.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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