Mesías

Hoy una mujer que vestía abrigo de visón y hablaba por el móvil casi me atropella. Conducía un pequeño Mercedes. Bastante nuevo, bastante brillante, bastante bonito. Verde turquesa. Lo he visto de cerca; el parachoques se ha detenido a un palmo escaso de mis rodillas. Cuando me he quitado el chirrido del cuerpo me he dispuesto a disculparme; en realidad la culpa era mía. Pero no he tenido ocasión: sin despegar el teléfono de su oreja la mujer me ha gritado más que a un perro. Fuera de sí, me ha deseado la muerte y la extinción de toda mi estirpe. Allí, de pie ante los faros, impertérrito, he percibido su odio. Su odio profundo y perfecto hacia mí y hacia cualquiera que se hubiera cruzado en su camino. Y me he preguntado por qué no me había atropellado. Supongo que, como suele ocurrir, su vida no le gustaba demasiado, pero aún confiaba en que las cosas mejoraran. En fin, me he apartado de la calzada y me he quedado observando cómo el coche se alejaba. Lleno de buenos y sinceros deseos, le he dicho adiós con la mano. La mujer ha sacado el brazo por la ventanilla y me ha enseñado el dedo. Sus pulseras han tintineado entre el tráfico como huesos muertos.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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