Resplandor celestial

Creo que solo quería comprar papel higiénico. Al menos eso era cuanto llevaba en las manos mientras hacía la cola en Mercadona.
Un buen puñado de gente delante, otros tantos detrás. La cajera mascaba chicle. Tendría unos cuarenta y tres y no era mucho más fea que el común de los mortales, pero una sombra de vello oscuro le recorría indiscreta el labio superior. Me pregunté, vagamente, casi sin querer, si su vida sexual le resultaría satisfactoria. Atendía a un anciano que había comprado una lata de sardinas en escabeche y un plátano. Le temblaban las manos mientras rebuscaba torpemente las monedas en su cartera. Tras la solapa plastificada vislumbre la foto carné, amarillenta, de una mujer con un moño alto, muy alto, al estilo de los setenta. Me pregunté, vagamente, casi sin querer, cuánto tiempo llevaría muerta. Por megafonía anunciaron entonces el 2×1 de la semana de la sección de congelados: merluza rebozada. Los ojos de los clientes se levantaron hacia el resplandor celestial de los fluorescentes, como anhelando que aquella voz que manaba de las alturas les transmitiese algún otro mensaje. Alguna recomendación. Algún consejo. Alguna pista.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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