Cinco minutos de descanso

Cinco minutos de descanso
en la cadena de montaje.
Tengo ganas de mear pero
trescientos segundos no dan
para mucho, así que elijo
llegarme a la máquina de cafés
y salir con uno a la puerta.
Voy a encender un Lucky
pero caigo en la cuenta de que
se me ha olvidado el tabaco.
Joder. Hostia puta. Mierda.
Por otra parte, el cielo está
nublado. Podrían ser las once a.m.,
o las cinco de la tarde.
Un avión en ascenso sobrevuela
el polígono y se introduce
calladamente en las nubes.
Imagino sus posibles destinos.
Los reduzco a meros puntos
en el mapa, difusos, irreales.
Y me siento un poco mejor.
Me acabo el café de un trago.
Se acaban los cinco minutos.
Le doy la espalda al mundo y
vuelvo a mi puesto en planta.
Esto es lo que mi padre hizo
durante cuarenta y pico años.
Ahora entiendo por qué era como era.
Nunca tendré hijos. Lo juro.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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