Nada es lo que parece

Hoy una anciana me ha confundido con su hijo muerto. Iba yo en el bus y de repente se ha abalanzado sobre mí y me ha besado en las mejillas una y otra vez, sonoramente. La mujer iba con otra un poco menos vieja, su hija, que me ha explicado lo que pasaba mientras la primera lloraba de alegría apretándome una mano entre las suyas. Sus palmas eran papel de lija, el resultado de una vida dura. Durante unos instantes me he sentido un poco más desorientado de lo habitual. No sabía muy bien qué hacer ni decir. Pero enseguida he decidido sentirme bien por el simple hecho de recibir amor e inspirar alegría. Después de todo la señora parecía feliz con la confusión, tal vez más feliz que nunca en su vida, quién sabe. Qué más da que su sonrisa fuera producto del error. A la larga casi todas las sonrisas lo son, al fin y al cabo. Y está de puta madre que así sea. Si solo recibiéramos el bien que merecemos, estaríamos apañados.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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