Vaporeta

Me llaman por teléfono. Se trata de una entrevista de trabajo. La verdad es que no recuerdo haberme apuntado a ninguna oferta pero esa voz hijaputa que habita en mi interior me dice que debo ir, así que acepto. A la mañana siguiente acudo a la dirección indicada. Un bajo en un barrio periférico, un barrio ni feo ni bonito, absolutamente anodino. Dentro, en una pequeña habitación mal ventilada con decenas de cajas da cartón cuadradas apiladas hasta el techo en un rincón, ya hay un buen puñado de candidatos sentados a pupitres escolares. Me temo lo peor. El aire huele a estafa. En efecto: más que de una oferta de trabajo se trata de una artimaña de captación. Con la excusa de formarnos para la venta de sus productos, un gordinflón con traje beige y reloj imitación de oro intenta vendernos una vaporeta o algo así. No sé, una especie de robot para limpiar las cortinas de casa. Nos dice que si les colocamos el trasto a cinco amigos y/o familiares ascenderemos como la espuma en el escalafón de la empresa. Me dan ganas de levantarme y patearle los huevos hasta sacárselos por esa boca babosa que tiene. Pero como no tengo nada mejor que hacer y, según parece, en el descanso del cursillo nos darán café y zumo de naranja, me quedo en mi asiento mirando fijamente al gordo, intentando ponerle nervioso clavando la vista en sus entradas sudorosas. Cuando al fin llega la pausa cojo un café y un zumo y salgo a la calle a tomar el aire en compañía de otros cuantos pringados pero sin interactuar con ellos. Alterno los sorbos a una bebida y a otra al tiempo que observo cómo ahí mismo, en la acera de enfrente, un perro flaco, muy flaco, acojonantemente flaco, tal vez incluso demasiado flaco para estar vivo escarba en la basura desparramada alrededor de un contenedor saturado. Después de mordisquear durante un rato una piel de plátano renegrida, la escupe y echa a andar hacia el siguiente contenedor, unos metros calle abajo. Mientras veo cómo el animal rasga una bolsa de basura con sus zarpas enfermas, mis compañeros empiezan a volver al curso. Yo apuro mi desayuno de mierda y me debato entre entrar o largarme, y me maldigo un poco a mí mismo, y me pregunto cuál será mi límite.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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