Un taxista

El taxista es
de los parlanchines.
No cierra la boca
ni un solo minuto
mientras atravesamos
la madrugada.
Que si Del Bosque,
que si Zapatero,
que si Franco,
que si “mira, mira
a esas guarras”,
que si van provocando,
que si dos hostias a tiempo,
que si los jodidos
inmigrantes, que si
la puta que los parió.
Medio postrado
el el asiento trasero,
su cháchara me llega
en forma de oleada
difusa, impregnada
del tufo nauseabundo
del ambientador pino
que cuelga del retrovisor.
Casi agradezco las dos
o cinco copas de más
que me he tomado y
que impiden que mi
cerebro capte la situación
en su total inmundicia.
Pero no son bastantes,
sin duda: hoy también
me doy perfecta cuenta:
No somos gran cosa, ¿eh, amigo?,
le digo al capullo de repente,
interrumpiéndole.
¿Qué dices?, me pregunta él.
Pero no me apetece
repetírselo, y además
soy un tío de pocas
palabras. De modo que,
por toda respuesta,
le vomito sobre el tapizado.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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