El viaje

A lo lejos las enormes
cosechadoras peinando
la planicie. Las observo
apoyado en el capó,
desde la cuneta donde
he parado a descansar,
a estirar un rato las piernas,
a fumar un cigarrillo.
Y estoy decidido a disfrutarlo.
El cigarro y todo lo demás.
El aire. El humo. Estar vivo.
Porque en cierto momento, tras
la última calada, sentiré que
el viento helado que baja
de las montañas, igual
que el viento que esta mañana
dejamos atrás en la ciudad,
quiere hacernos trizas como
hierba bajo las aspas de una
de esas gigantescas segadoras.
Entonces volveré la vista
hacia ti, perfecta y dormida en
el asiento del copiloto,
y me sabré refugio y refugiado.
Y me acercaré y daré unos
golpecitos en el cristal.
Abrirás los ojos, sonreiremos,
te desperezarás y encogida
en tu abrigo saldrás
conmigo a la intemperie.
Miraremos el cielo raso,
las montañas distantes,
grises, nevadas las cimas.
Las segadoras amarillas
escupiendo al aire nubes
de briznas resplandecientes
al sol blanco de diciembre.
Y los anchos surcos arañados
por el metal en los campos
esquilmados, condenados
al saqueo y al expolio
una y otra y otra vez.
Y cuando el frío empiece a
paralizarnos volveremos
al coche, pondremos la radio
y la calefacción a tope,
y nos largaremos de aquí.
Es curioso: a veces uno
no sabe adónde se dirige,
y sin embargo está
seguro de que llegará.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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