El fuego de mil vidas

Olvida la adscripción, olvida la adhesión. Son maneras subrepticias de referirse al reclutamiento. Y el reclutamiento es para los hombres tranquilos, para los bienaventurados, para todos esos hombres pacíficos capaces de levantarse de la placidez de su sofá de Ikea y convertirse en máquinas de matar por imponer aquello en lo que creen que creen. Tú en cambio no crees en nada que no tenga que ver con tu sangre y tu confusión. La cuneta a la que te ha arrojado la vida es buena prueba de ello. Así que deja de intentar volver a la calzada embotellada. Renuncia a la seguridad de las certezas. Olvídate de insignias, pines, banderas. Olvida el nombre del triste terruño en que naciste. Olvida tu equipo de fútbol, tu compañía de telefonía móvil, el decálogo de tu empresa, tu partido político, tu hipoteca. Olvida tu religión, manda al infierno a tus demonios y a todos y cada uno de tus dioses. Sabes muy bien que ni en los unos ni en los otros ni en todo lo mencionado encontrarás la salvación. Y recuerda: es ella la que te está buscando a ti. Así que facilítale el trabajo. Espérala donde siempre has estado, donde ella sabe que siempre has estado: ahí, en el arcén, viendo pasar la manada. Antes o después la luz dará contigo. Y lo que ahora parecen días desperdiciados se llenarán de sentido retroactivo. Y cada día que te quede por quemar arderá con el fuego de mil de vidas.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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