Elinvierno

De buena mañana,
en la parada del bus,
mientras pateas el suelo
para entrar en calor,
te vienen a la mente
otros inviernos:
En el patio de la
escuela jugando
al fútbol entre
charcos de hielo
oscuros como charol,
resplandecientes.
O, años más tarde,
recorriendo calles
nocturnas, jóvenes,
llenas de fiesta,
amor y/o sexo,
atravesando
olas de frío sin
sentirlas siquiera.
Y, claro,
te sobreviene
un leve ataque
de nostalgia.
Hasta que de pronto
comprendes que
ni aquellos ni este
eran verdaderos
inviernos.
Entonces, como ahora,
simplemente hacía
frío.
El único invierno,
el genuino,
no depende de
lo que diga el
hombre del tiempo.
El auténtico invierno
duerme dentro de ti,
como una bestia
en el fondo de su cueva
de piedra congelada.
El auténtico invierno
vive dentro de ti.
Y antes o después
despertará.
Antes o después
intentará darte caza.
Si lo haces bien,
y con suerte,
te atrapará
el día de tu muerte.
Si no, quién sabe,
tal vez ocurra mañana.
Convertirá
tu corazón en un trapo
mojado, helado.
Y en un instante
tu sangre caliente
no será más que
agua escurrida, sucia.
Y los cuatro horizontes
de reducirán al
rectángulo de tu tumba.
Así que no te quejes
del frío:
no tiene nada
que ver con
el que está por llegar.
Simplemente
abrígate mientras puedas.
Ponte el gorro, los guantes.
Cíñete la bufanda.
Y atraviesa el temporal.
Fíjate bien:
No es más que
una agradable brisa.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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