Secreto

Hace un frío de cojones a las ocho treinta y ocho en el vestuario del trabajo. Y además es domingo. Así que no hay ninguna necesidad de que Roberto me taladre la cabeza mientras me esfuerzo por recordar cómo atarme los zapatos. Pero supongo que al bueno de Roberto -cincuenta y cuatro años, casado, after shave Floyd, calzoncillos con bragueta, medalla de la virgen- se la traen pero que muy floja mis deseos, porque el tipo habla y habla y habla de cualquier cosa que le pasa por la mente. Por ejemplo ahora, a las ocho treinta y nueve, me cuenta que alguien -no sé, intento no atender-, tal vez un tío materno, tenía decenas de jilgueros enjaulados, allá, en el pueblo. Que piaban como locos cuando empezaba a clarear sobre las montañas. Que eran preciosos. Y luego me pregunta si a mí me gustan los pájaros. Ojalá ardas por siempre en el infierno, cabrón, pienso. Pero me lo callo. Como respuesta imagino halcones cortando el aire limpio, silencioso, brillante en algún lugar del cielo, ahí afuera. Existen, lo sé. Pero no pienso decírselo a Roberto. Esto también me lo callo. Me lo guardo. Para mí.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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