Viajando en el tiempo

De vuelta a casa, detenido al ralentí y al relente de la noche en un semáforo en rojo, me da por fijarme en la matrícula del coche de delante. Hostia. V-3739-CV. Hostia puta. Mi coche. Mi viejo coche. Mi primer coche. Aquel destartalado Citroen AX. Ya estaba en las últimas cuando se lo vendí por cuatro duros al colega de un colega hace casi veinte años… ¿Cómo coño es posible? Pero lo es, no hay duda. Es mi querido coche. Maniobro y me pongo a su lado. Al volante va un chaval joven, más o menos de la edad que yo tenía cuando lo conducía. Siento por él una simpatía instantánea. Le lanzo un par de bocinazos amistosos. El chaval vuelve la vista hacia mí. Intento explicarle por señas el asunto. Creo que no me entiende. Se limita a saludarme con la cabeza, obviamente desconcertado, pero afable. Entonces la luz se pone en verde y mi viejo AX empieza a avanzar sobre el asfalto. Despacio. Sin prisa. Sin sobrerrevolucionar el motor. Ganando velocidad poco a poco y sin pausa. Bien, me oigo decir, muy bien. Y me quedo parado unos segundos en medio de la calzada viendo al chaval alejarse rumbo al que quiera que sea su destino. Ojalá lo alcance, pienso. Ojalá el futuro le trate por lo menos tan bien como a mí. Luego meto la primera, y sigo mi camino.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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