Maravilla

Ella es joven. Unos treinta y pocos.
Delgada. Ojerosa. Pero guapa.
Su hijo, de pie a su lado,
no creo que haya cumplido los cinco.
Tiene un balón bajo el brazo.
Y está calvo. Bueno, no exactamente;
donde debería haber pelo
solo hay pelusilla.
La madre, es curioso, le acaricia
la cabeza en ese preciso momento.
Pienso en el tacto de un melocotón.
Pienso en un melocotón
rojizo, luminoso, lleno de sol.
Pero el color del niño
es el de la cera vieja.
Además está hinchado por la quimio.
Y un tubo de plástico
le asoma por el cuello de la camisa
y asciende hasta su fosa nasal izquierda.
Aun así, alza la cabeza cuando su madre
le toca el pelo.
Porque, bien pensado,
no es pelusa. Es pelo.
Castaño. Suave. Joven.
Muy joven.
Alza la cabeza y mira a su madre.
Y se sonríen el uno al otro
de esa manera lenta y discreta
en que se sonríen dos personas
que se saben únicas,
que se saben una,
bajo la indiferencia del sol.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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