Código de barras

Ese pack de tres latas de atún
que se resiste a ser identificado
por el lector de la caja de mercadona.
La cajera le da vueltas
y más vueltas entre sus manos,
desliza cada cara del producto
sobre el escáner una y otra vez.
Y el atún enlatado sigue negándose
a revelar su código de barras,
su genoma electrónico,
su esencia, sus secretos.
Dios, lo más antisistema
que jamás he visto.
La inspiración,
la resistencia dentro de
una lata de aceite de girasol.
Sin programas electorales.
Sin mítines. Sin sermones.
Sin adscripciones.
Sin militancias.
Sin abrazar causas inabarcables.
Simplemente rebeldía.
Auténtico desmarque.
Lo malo es que al final,
sin piedad ni remordimientos,
la empleada decide introducir
el código
tecleándolo ella misma.
Y el noble atún
pasa por el aro electrónico,
como todos.
Me invade el desencanto.
Miro hacia la calle.
Un punki pasa toqueteando
su iPhone.
Sopla el viento,
que acumula contra el bordillo
toda clase de desperdicios
y los ultimos restos,
volatilizados,
de nuestra indivudualidad.
Y yo escribo esto,
desde mi Xperia.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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