El arte de vivir

Era martes y hacía frío y el gorrilla llevaba toda la mañana intentando dar con un trozo de asfalto en el que hacer su trabajo. Un par de días antes dos búlgaros lo habían echado con amenazas de muerte y alguna que otra hostia de su esquina en la calle Corona. Y le estaba costando encontrar un nuevo sitio. Anoche un conocido le había dicho que en Zamenhoff se había quedado un chaflán libre. Su anterior propietario había aparecido muerto en un cajero ayer mismo, por la tarde. Así que el gorrilla había madrugado esta mañana para ocupar la vacante. Aún no eran las 7 y ya estaba allí. Pero un tipo enorme con acento gallego y manos como palas se le había adelantado. Eh, chaval, le había dicho avanzando hacia él como un oso plantado, largo de aquí o te reviento la cabeza. Así que después de pasar tres horas trazando espirales a la busca de algún sitio en el que instalarse, el gorrilla se vio frente al museo de arte moderno de la ciudad. La entrada costaba dos pavos según el cartel de la puerta. Se lo pensó un poco, tanteando con los dedos las monedas de sus bolsillos. Al final, después de peinarse con las manos, se decidió a entrar. Mientras sacaba la entrada en el mostrador de recepción sintió que las miradas de los vigilantes de seguridad le taladraban la nuca. Ya con el ticket en la mano, uno de los guardias, un mazacote de carne de más de dos metros con perilla y sin bigote, siguió sus movimientos dubitativos por el hall del museo a poco más de tres pasos. El gorrilla, desubicado e incómodo, entró en la primera sala con la que tropezó. El sabueso se quedó fuera, observándolo a través de la puerta de cristal ahumado. Otro guardia, aún más corpulento y con ojos simiescos, le tomó el relevo a su compañero. No obstante, al gorrilla dejó de importarle la vigilancia a la que estaba siendo sometido en cuanto paseó la mirada por la galería. Una atmósfera de paz envolvía la amplia estancia. Se sintió como dentro de un templo. Todo allí estaba impregnado de un aire sagrado. Hasta huele a incienso, se dijo el gorrilla. Los visitantes hablaban entre respetuosos susurros. La tenue iluminación se focalizaba en las pinturas que colgaban de las paredes. El gorrilla recordó las vidrieras de la iglesia de su pueblo, a treinta años y dos mil quinientos kilómetros de distancia. Pensó en su infancia, con cierta tristeza. Y pensó que daría lo que fuera por estar sentado ahora mismo en un banco de aquella vieja iglesia. Aunque, quién lo sabía, era posible que ni siquiera siguiera en pie. Así que el gorrilla sacudió la cabeza, intentó quitarse de encima la nostalgia y se sentó en una banqueta ubicada frente al cuadro más grande de la sala. Era un rectángulo de unos tres metros de alto por dos de ancho. Una mancha amorfa de color pardo ocupaba el centro del lienzo. Imprevisibles salpicaduras ametrallaban en todas direcciones el fondo de la pintura, negro como el betún. El gorrilla pensó que el pintor debía de haber dejado caer en el centro de la obra un globo lleno de pintura, y que el azar habría hecho el resto. Luego imaginó que quizá, en lugar de un globo, el artista hubiera utilizado a tal fin un cochinillo eviscerado y relleno de aquel potingue marrón. Sintió una leve curiosidad por el título que el autor pudiera haber dado a su creación, pero no se levantó a leer la cartela. De pronto se sentía invadido por un cansancio discreto pero tenaz, una especie de fuerza de la gravedad adicional, como si alguien hubiera encadenado un lastre invisible a sus tobillos y muñecas. Una pareja de mediana edad se detuvo entonces frente al cuadro. Lo contemplaban con una sonrisa luminosa. Parecían arrebatados. En éxtasis. Salieron del trance un momento cuando, al ir a sentarse en la banqueta, repararon en la presencia del gorrilla. Después de echarle un vistazo de arriba a abajo decidieron permanecer de pie.
Qué maravilla, dijo la mujer.
Una genialidad, coincidió el hombre.
La simbiosis perfecta entre forma y contenido.
Absolutamente conmovedor, ¿no te parece?
Sí. Se me ha acelerado el corazón.
A mí también. Qué genio. Ha sabido captar el significado de la vida. Su esencia. El sentido de estar vivo.
Sublime. Excelso. Es como estar ante Dios.
Al escuchar esas palabras, el gorrilla rompió a llorar. Desconsoladamente. A ríos. Pero sin mocos ni hipos. Solo lágrimas y más lágrimas. La pareja lo miró con moderado asombro.
Mira, dijo el hombre, hasta ese tipo se ha emocionado.
El gorrilla se secó la cara con los pulpejos encallecidos de sus manos. Se levantó y se dirigió hacia la puerta de la sala seguido de cerca por el gorila. Su compañero del hall también lo escoltó discretamente hasta la salida. Ya en la calle echó a andar sin rumbo decidido. Cuando quiso darse cuenta estaba en su esquina, la esquina de Corona. No había una sola plaza de aparcamiento libre, por lo que los dos búlgaros que le habían desterrado de sus dominios aprovechaban para comerse unos bocatas sentados en el bordillo, en el hueco entre dos coches. El gorrilla quiso darse a sí mismo una última oportunidad. Levantó la vista hacia el cielo. Pequeñas nubes deshilachadas cruzaban el cielo de norte a sur. Manchas de un blanco purísimo sobre el azul más limpio. Tampoco en ellas consiguió reconocer ninguna forma que le ayudara a explicarse el sentido de su vida. Un adoquín medio suelto tableteó entonces bajo sus pies. El gorrilla se agachó, lo extrajo de la acera y lo sopesó en la mano. Y sigilosamente avanzó por la espalda hacia aquel par de cabrones, decidido a sobrevivir, ya que el arte de vivir parecía reservado a otros. Un minuto después contemplaba todo aquel arte moderno, tan rojo, esparcido sobre el pavimento.

Anuncios

Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s