Elevo al cielo mi plegaria

Son las diez de la mañana,
la luz entra blanca, limpia,
espléndida por las ventanas.
También, eso sí, se cuelan
sus voces. Parecen graznidos.

Pongo la cafetera al fuego.
Salgo a la terraza. Sol tibio.
Perfecto. Me fumo un lucky.
Bien, podría ser un buen día.
No hay razón para no creerlo.
Pero los gritos llegan nítidos
por encima del ruido del tráfico.
Vuelvo dentro. El café se ha
desbordado. La mancha tiene
la forma de un gato sin cola
o de un asteroide chocando
de refilón contra la Tierra.

El matrimonio del quinto
lleva ya una hora, quizá más,
amenazándose de muerte.
A veces me hacen compañía,
hasta me inspiran; les dedico
unas pocas líneas. Hoy no.

Hoy estoy harto de sus voces,
de sus gritos, de sus vidas.
Y tengo derecho a estarlo.

Por eso cuando oigo el chiflo
inconfundible ahí en la calle,
cuando escucho el ancestral
anuncio: “Afilador, el afilador,
se afila navajas, cuchillos,
sierras, hachas, machetes,
todo tipo de objetos cortantes
y máquinas de fiambre”,
elevo al cielo mi plegaria.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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