Iceberg

Si jamás
lo has intentado
no tienes
ni idea.
Así que calla.

Quizá
en cambio
el iceberg
lo sepa.
Quizá él
conozca
la profundidad
fría
muy fría
insondablemente
fría
del mar
de celulosa.
La inmensidad
oceánica
que cabe
dentro
de un cráneo.
La turbulencia.
La corriente
y la rompiente
y la zozobra
y el naufragio.
El miedo.
Puede que el iceberg
sepa lo que es
trazar
a la deriva
líneas de espuma
que se desharán
de inmediato
jamás leídas.
Tal vez
solo
tal vez
el iceberg
sepa muy bien
qué se siente
al anhelar
eyacularse en
aguas templadas
pese a la certeza
de que del frío
estático
eterno
depende
tu supervivencia.
Puede que
el iceberg
sepa lo que es
sentirse
perdido.
Sin tierra
posible
a la vista.
Distinguible
a duras penas
su cima
en la distancia,
sobre el oleaje,
el blanco
perfecto
de su cuerpo
desgastado
por el mar
oscuro,
arañado
sin descanso
por la sal y
por el viento.
Y lo demás
todo lo demás
bajo
las aguas
inhóspitas.
Inmenso
bloque
de hielo
hundido
jamás conocido
ni reconocido,
en perenne
y mojada
noche
cerrada.
Entrañas
congeladas
sumergidas
hondo
muy hondo
en lo más
hondo,
repletas
de fracasos,
repletas
de cadáveres
azulados
como
tinta.
Quizá
el iceberg
sepa lo
Tú no.

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Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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