7 minutos

Miro en la nevera: un huevo.
Pongo a hervir agua y voy a consultar con Google,
el oráculo del tercer milenio.
Según parece bastará con siete minutos de cocción.
Vuelvo a la cocina y echo el huevo en las burbujas.
Me quedo mirándolo.
No tengo nada mejor que hacer.
Me quedo observando el suplicio del pobre huevo,
allá abajo, cociéndose en el fondo del cazo.
Tengo la vaga conciencia de que mientras observo
el mundo sigue su curso ahí afuera.
Supongo que en África están muriendo niños soldado.
Supongo que miles de parejas se enamoran
justo ahora, en este mismo segundo.
Supongo que otras tantas se amenazan de muerte.
Supongo que gigantescos cumulonimbos
gris oscuro oscurísimo metalizado
se ciernen sobre acres y más acres
de la gran llanura central americana.
Supongo que sobre algún punto del mapa
el tornado Fuerza 5 ya se ha desatado.
Imagino:
-blancas casas de madera arrancadas de cuajo.
-centenares de cabezas de ganado flotando en el aire
panza arriba, como cadáveres en un río, pero aún vivas.
-camionetas Chevrolet de mil quinientos kilos
convertidas en cometas de todos los colores,
blancas, azules, rojas, amarillas, verdes.
Imagino:
-el chasquido de la atmósfera ionizada
en la lengua de un granjero llamado Sam McCain,
resguardado con su familia en un refugio subterráneo.
-el ruido. El ruido ensordecedor.
Como el rugido de una bestia hambrienta.
-el golpeteo de la chapa de metal oxidado
que les separa precaria, milagrosamente de la muerte.
-el chirrido de los goznes al resquebrajar
el cemento en el que están anclados.
-el torpe Padrenuestro susurrado en la oscuridad
de la guarida por alguien que nunca había rezado.
Supongo, por otra parte, que en Beijing
alguien está teniendo el mejor día de su vida.
Supongo que en Siberia miles de salmones
remontan el río Amgun sorteando barricadas de osos polares
solo para desovar y morir un poco más arriba.
Supongo que durante los siete minutos
que el huevo tarda en cocerse decenas de miles,
centenares de miles, millones de personas
teclean en sus ordenadores convencidas
de que pueden hacerlo igual que yo.
Pero, ya digo, no estoy en absoluto seguro.
Es solo eso: una vaga conciencia.
Fina, frágil, quebradiza, como la cáscara del huevo
que estoy a punto de cenarme.

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Acerca de Iván Rojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
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