Es un mundo maravilloso

Crees que no me gusta el mundo, pero te equivocas. Me gusta. Claro que sí. Me encanta. Aprecio y acaricio su maravilla a todas horas, en todas partes, en momentos y lugares que tú ni siquiera sospechas. Me cautiva la hermosura de los animales enjaulados. Las fieras. Sus colores vivos, tan vivos, rabiosamente vivos para nada. Rayas, motas, franjas preciosas pero inútiles, que ya no sirven para camuflar sus movimientos del mal que les ha dado caza. Me golpea la belleza de los niños que observan a las bestias desde la seguridad del lado bueno del foso, el lado libre de la reja, el lado poderoso del zoo de la vida. Sus ojos cristalinos, limpísimos, inundándose tan temprano de humillación. Sus naricillas elevándose hacia el sol de primavera para olfatear mejor la mierda. El miedo. La mierda. La degradación. Aprecio la belleza de los extrarradios arrasados por la crisis. Los descampados, esa tierra de nadie. Las grúas recortadas como horcas contra el cielo luminoso, mediterráneo, azul perfecto de los malos tiempos. Los edificios a medio levantar, a medio derribar. Esqueletos de hormigón. Gigantescos zombis de cemento. Descomunales tótems en honor del dios del exceso, el empacho, el abuso. Me encantan las nubes de polución, los cementerios de coches, las desembocaduras turbios de los ríos, de las acequias, de las alcantarillas y los vertederos coronados por niños con zapatillas de goma. Me encantan los incendios, los tsunamis, las explosiones y cualquier cosa que me haga tomar conciencia de mi tamaño. Las tormentas solares, la migración del ñu. Me hechiza repasar las listas de éxitos, las listas de bestsellers, las canciones más radiadas, las películas más vistas, los índices de audiencia. Me alegra sobremanera comprobar encendiendo la tele que mi capacidad de sorpresa sigue tan intacta como la de un bebé feliz, sonrosado, bien amamantado. Me enorgullece tener polla en un momento de la Historia que parece exigirme que pida perdón por ello. Me conmueve la publicidad de Cofidis y otras mil empresas de refinanciación. Su hipnótica desfachatez, su desenfadada desvergüenza. Porque sí, son bonitas las sonrisas de esos pobres actores. Dios, las sonrisas deslumbrantes de esos pobres actores fracasados… Probablemente también ellos estén endeudados hasta las cejas por haber querido hacer realidad sus absurdos sueños. Y ahí los tienes, prestando la cara al moroso feliz que ha conseguido librarse de una deuda a costa de asumir otra aún más grande. Qué hermoso, qué maravilla. Me estremece que un titán de los negocios como IKEA, dios inmortal de la madera, el renacido y perfeccionado Odín, te escupa a la cara 5 euros en forma de cheque-regalo como agradecimiento por haber participado en el proceso de selección de personal que ha considerado conveniente descartarte. Me subyuga la belleza interminable de las colas del paro. Los códigos indescifrables que se iluminan en rojo sangre en los monitores de las oficinas del INEM. E0104, B3712, X0X65. Los letreros amarillo sol, amarillo metal precioso de las tiendas de Compro Oro en cada esquina. En cada puta esquina. Me fascina la caligrafía burda, basta y multicopiada en B/N de los manuscritos que forran las farolas, los semáforos, los parabrisas de los coches. Vendo piso urgente. Oportunidad única. Solo particulares. Compro tu coche viejo. Me hipnotiza el silencio sepulcral que se instala en los bares de barrio, no sé, por ejemplo un martes a las once de la mañana, cuando la escasa esperanza acumulada con esfuerzo y suerte por la noche empieza a desvanecerse a la luz de un día igual que ayer y, lo que es peor, idéntico al que amanecerá mañana. Me admira que esas personas encuentren la energía suficiente para seguir bebiendo su cerveza, removiendo su café, hojeando un periódico que jamás hablará de lo verdaderamente importante: de ellos. Contemplo y respeto la belleza de la ruina. El cascote, el escombro, el hierro retorcido. La lucha de la piedra contra los elementos. La roca contra la erosión. Joder, claro que me gusta este mundo maravilloso. Me encanta, hostia puta. Me encanta este gran combate entre la vida y la muerte. Me encanta que sea injusto. Me encanta que esté amañado. Porque no me motiva ganar. Lo que me pone a cien es pelear. Sobrevivir. Y cuanto más hijoputa sea el rival, joder, mucho mejor.

Anuncios

Acerca de ivanrojo

Poemas y relatos. Realismo. Minimalismo.
Esta entrada fue publicada en PROSAS y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s